El Culto en la Era Vikinga

Una escena de libación en una piedra decorada de Gotland en el Museo Nacional de Antigüedades Sueco en Estocolmo.
Piedra decorada con una escena de libación procedente de Gotland. Museo Nacional de Antigüedades Sueco, Estocolmo.

La religión que practicaron los vikingos no es, ni mucho menos, una invención de la Era Vikinga, sino que se trata de un desarrollo a partir de la herencia dejada por la Europa germánica noroccidental y, por ende, el culto ha sufrido un desarrollo similar. Éste no aparece de la noche a la mañana y tampoco lo inventaron los vikingos, los elementos clave de este culto podemos encontrarlos ya en la Edad de Hierro Primitiva (entre los siglos V a I a.C.) o en los escritos del romano Tácito, del siglo I y II d.C.

Como vemos, todo mucho antes de nuestros vikingos.

Lo primero que debemos tener en cuenta sobre el Culto en la Era Vikinga es que no tenemos nada sólido sobre lo que caminar para recorrer el camino. Unos pocos restos arqueológicos complicados de identificar e interpretar y unas cuantas menciones en Sagas, Eddas y textos mitológicos que hay que leer entre líneas y siempre en su contexto original. Es uno de esos temas en los que a los historiadores de hoy nos habría venido estupendamente que los vikingos del ayer hubiesen dejado algo escrito, pero no, así que nos toca jugar a en encajar las piezas de un puzle inmenso, donde cada pieza es un poquito de información que obtenemos de una fuente u otra.

Lo segundo que debemos tener en cuenta es que nosotros vivimos en el siglo XXI y ellos, los vikingos, lo hicieron hace muchísimo tiempo, entre finales del VIII y mediados del XI para concretar, por lo que es importante que antes de abordar el tema desechemos cualquier idea o parecido posible con lo que nosotros entendemos por culto. Incluso con lo que nosotros entendemos por religión. Los vikingos no tenían “fe”, no tenían una “religión reglada” y, según parece ser en líneas generales – ya que no hay indicios que nos demuestren lo contrario –, no hubo ningún tipo de uniformidad ni en el culto, ni en el rito, ni en los ceremoniales, ni en su posible clero.

Por ello, y con toda la bibliografía de la que dispongo en la mano, voy a intentar daros una visión lo más unitaria y real posible sobre cómo fue y en qué consistió el culto en la Era Vikinga en un artículo que constará de varias partes.

Vamos a ello.

Parte I.

Las formas de Culto en la Era Vikinga.

Cuando hablemos de la mitología nórdica veremos que los vikingos se debían al paganismo, siendo pagano  un término que viene del latín paganus y que significaba “habitante del campo” o “rústico”, incluso lo encontramos para designar el concepto “bárbaro”. Es un vocablo que introdujeron los romanos cristianos en el siglo IV dC y que les servía para referirse a aquellos pueblos que no seguían las revelaciones dadas por la Biblia sobre un dios único, es decir, para referirse  a cualquier pueblo que no fuese judío o cristiano, sino a los pueblos que tenían y adoraban a otros dioses. Los vikingos eran politeístas, esto es, creían en un número muy amplio de dioses y otros seres de entre los cuales Odín era el más importante de todos.  Se trataba, pues, de un culto sencillo sin ningún tipo de ritual obligado, dogmático o reglado, sin basarse en fuentes más allá de la propia tradición milenaria y que durante la Era Vikinga se habría basado principalmente en la adoración a los dioses. Esta adoración habría estado dividida en dos partes rituales que formaban un todo: la oración a los dioses y la ofrenda a los mismos, donde la oración servía para pedir favores o ponerse en contacto y ofrenda para aplacar la ira o dar las gracias a los dioses. Una gran fuente alternativa para rastrear el culto es la lingüística o la filología, por lo que introduciré algún cuadro que nos ayude a comprender y comparar mejor.

Vamos a proceder a desgranar las partes de este todo.

¿Qué incluía la adoración? Como hemos mencionado, lo más probable es que se dividiese en una oración inicial seguida de una la ofrenda compuesta por donaciones y regalos a los dioses según la ocasión, además de los conocidos sacrificios.

La oración no tiene nada que ver a lo que entendemos por ese concepto hoy. Que sepamos, no se trataba de fórmulas dadas ni sermones establecidos, sino de algo mucho más práctico, en consonancia al propio carácter pragmático de los vikingos: habría sido una especie de súplica, de petición, una explicación de la ofrenda que iban a realizar y el motivo por el cual la realizaban. Igual que se invocaba a los dioses antes de la batalla para obtener victorias, se invocaba a los dioses para lograr buenas cosechas, lluvias, hijos o prosperidad. Si, por poner un ejemplo, tenemos en cuenta que Frey era el dios de la fertilidad es probable que una oración a él fuese algo de este estilo: “Frey te ofrezco este don u ofrenda (que podía ser muchas cosas) para que bendigas mi matrimonio con muchos  hijos”. Según el cronista árabe del que ya hemos hablado, Ibn Fadlan,  que convivió con algunos varegos o rus, estos se postraban ante unas imágenes de madera que representaban a sus dioses y les pedían al mismo tiempo que les ofrecían cosas, nunca se pronunciaba una oración con las manos vacías ya que el sincretismo principal de los vikingos se basaba en una máxima que venía a decir “yo te doy, para que tú me des”. El concepto de reciprocidad era algo muy arraigado en la idiosincrasia vikinga, nadie ofrecía un regalo sin esperar uno a cambio, nadie recibía un regalo sin corresponderlo.

La ofrenda se podía llevar a cabo por particulares o por colectivos como familias, aldeas, pueblos, tripulaciones de barcos, etcétera. ¿Quién llevaba a cabo las ofrendas y dónde se realizaban? Hablaremos en el siguiente apartado o artículo de ello, pero lo más lógico es que en el ámbito privado la ofrenda la realizase el cabeza de la familia y ésta se efectuase en la granja o casa de la familia o cerca de ésta. En el ámbito público, y aquí es donde entraremos en la multiplicidad de posibles hipótesis al respecto, habría sido, o bien un sacerdote (también desechando la idea cristiana del sacerdocio), o bien el líder de la comunidad o rey; el sacerdote habría efectuado las ceremonias en un Templo o en lugar sagrado y el rey o líder en su Gran Salón o granja. Estas ofrendas públicas se hacían para pedir a los dioses cosas que afectaban a toda la comunidad; como un año de paz y prosperidad (otra máxima en la idiosincrasia vikinga), victorias en las campañas bélicas o comerciales de verano o, por ejemplo, el fin de una epidemia. Según algunos estudiosos como Eugen Mogk existía un tercer tipo de ofrenda al margen de la privada y la pública, que habría sido la ofrenda preceptiva y que ejercía una especia de función profética, como de oráculo, ya que se usaba para preguntar cosas.

Ofrenda Don Idioma
pluozan kelt alto alemán o alemán antiguo
blótan gild anglosajón
blóta/blót gyald nórdico/normánico antiguo

Alcanzado este punto, hemos llegado a la pregunta clave y la que ha fascinado a más de uno y más de dos, amén de haber alimentado uno de los muchos mitos de los vikingos, ¿en qué consistía la ofrenda? Es más que probable que los tipos de ofrecimiento hubiesen variado según la zona y según el tipo de festividad, pero por lo general habrían sido muy similares en todos los pueblos germánicos septentrionales. Las ofendas se llamaban dones y eran muy variadas; desde objetos de valor como joyas o armas, botines de guerra, alimentos, libaciones y lo más conocido por todos, las ofrendas animales o humanas, es decir, los sacrificios. También se ofrecían banquetes en los que se sacrificaban animales cuya carne consumían habitualmente como caballos, vacas, cerdos, chivos y carneros acompañados tal vez de danzas o cánticos, de juegos o espectáculos y donde bebían la Minne, la memoria, en honor a los dioses, los héroes, los reyes pasados y los antepasados en general.

Los sacrificios animales y humanos, si bien sabemos a ciencia cierta que sucedieron, no sabemos exactamente cuándo, cómo o con qué criterio se realizaban. Es probable que también fuesen distintos según el pueblo germano que los practicase, los germanos del norte, es decir, los escandinavos, se cree que los efectuaban sobre todo en invierno, cuando estaba todo el pueblo en casa, cuando tenían las armas en reposo y cuando las despensas estaban llenas y, si bien muchos sacrificios no tenían un momento concreto en el tiempo sino que se llevaban a cabo cuando se necesitaba ayuda o consejo de los dioses, sí parece que hubo algunos con fecha más o menos establecida, que serían:

  • A comienzos del invierno: Lo encontramos a mediados de octubre y se realizaba para obtener un año feliz, paz y bienestar. No tenía un dios específico al que ir dirigido y se realizaban todo tipo de ofrendas.
  • A mediados del invierno: Se producía en Enero y se realizaba para pedir buenas cosechas. Se sacrificaba generalmente un jabalí, pero el sacrificio dependía de la eficacia del realizado el año anterior. Así, el primer año se sacrificaría un jabalí, si al siguiente año las cosechas no habían sido mejores y seguía siendo una época de hambrunas o de escasez, se podía sacrificar un animal mayor y más importante, como un buey. Si al siguiente año la cosa no había mejorado en absoluto, se podían sacrificar hombres y, finalmente, si al año siguiente la cosa seguía igual o peor, se llegaba a sacrificar al Rey. Con el sacrificio de éste, entendido como la personificación de los Dioses, se producía una reconciliación o reencuentro del pueblo con los dioses. Probablemente eran sacrificios destinados a Frey, el dios de la fertilidad, o a Thor, el protector de los hombres en su mundo, Midgard.
  • Al final del invierno: A finales de Marzo o principios de Abril se producía un sacrificio en el que se pedían victorias a Odín en las inmediatas campañas que iban a tener lugar en verano y en el que los sacrificios eran variados.

Si bien estos habrían sido sacrificios muy específicos y en momentos muy determinados, las ofrendas y sacrificios formaban parte de todas las fiestas y celebraciones en la vida de los vikingos. Otras grandes celebraciones que habrían contado con imponentes festejos y sacrificios habrían sido en Gaular, Noruega, de la que nos habla la leyenda de Egil, en Lejre, Dinamarca, según las crónicas de Thietmar de Merseburgo o en la conocida Gamla Uppsala, Suecia, según las historias de Adam de Bremen.

Vamos a hacer un poco más de hincapié en los sacrificios humanos y vamos a tratar de desmitificarlos y aclararlos un poco; Estos ocurrían, sí. Sin embargo, generalmente se sacrificaba a prisioneros de guerra o esclavos, es decir, gente que no tenía derechos, como los esclavos, o gente que iba a morir o a convertirse en esclavos de todos modos, como los prisioneros de guerra. Recordemos una vez más el carácter práctico de los vikingos y coincidiremos todos en que no tenía mucho sentido sacrificar a miembros útiles de la comunidad como cabezas de familia, líderes, grandes guerreros o valiosos artesanos y comerciantes. Prisioneros y esclavos, recalcamos, eran personas sin derechos en la sociedad vikinga y con ellos se sustituía a los hombres libres, miembros útiles de la comunidad, en quienes recaerían los beneficios de la ofrenda. Debemos intentar minimizar en la medida de lo posible la imagen de los vikingos sacrificando a diestro y siniestro humanos, ya que el sacrificio de personas no era lo más corriente y lo que más se daba. Generalmente ocurría cuando las peticiones iban asociadas a hechos que amenazaban la vida de los hombres; como las guerras, las hambrunas, las epidemias, las expediciones peligrosas o en festividades de enorme trascendencia para ellos. Ningún vikingo habría sacrificado un esclavo en una ofrenda en el ámbito privado de la granja sólo para pedir buen tiempo ya que los esclavos, amén de útiles en las granjas como ya veremos cuando hablemos de clases sociales, eran caros. No serían miembros imprescindibles de la sociedad, pero eran valiosos a su manera.

¿Cómo sabemos que se practicaban sacrificios humanos? Éstos los tenemos atestiguados no sólo mediante los hallazgos arqueológicos que los indican, sino también a través de fuentes escritas como las descripciones del ya mencionado y conocido Ibn Fadlun quien, en su estancia con los varegos o rus, presenció un impresionante funeral vikingo en el que, según cuenta, una de las esclavas del fallecido rey decidió inmolarse para acompañar a su señor a la vida eterna. En estos funerales, gracias a la arqueología, sabemos que también se acompañaba a los fallecidos de alta alcurnia con el sacrificio de su caballo o sus animales de compañía. También tenemos las descripciones de Adam de Bremen del Templo de Uppsala, del que hablaremos en siguientes artículos y otras un poco menos directas como las observaciones del romano Tácito o el sajón Saxo Gramatico. Otras fuentes importantes son las Sagas, las Eddas y otros textos mitológicos, como por ejemplo la Heimskringla, que narra cómo Aun, Rey de Suecia, sacrificó a nueve de sus hijos para pedir a los dioses que su vida fuese más larga (quien sabe si realmente habría sido para que no le destronasen). Fueron sus súbditos los que impidieron que matase al décimo y último de ellos, Egil, del que se conserva otra famosa Saga. Otros textos nos cuentan cómo los suecos tenían derecho a elegir a sus reyes, pero también a deponerlos e, incluso, a sacrificarlos para apaciguar la ira de los dioses si la gestión que habían llevado a cabo no era la esperada o la correcta. Reyes como Olaf Trätäljä y Domalde fueron sacrificados para acabar con años de hambruna.

Aparte de las ofrendas, la oración y los sacrificios existían otros tipos de culto más personal, más íntimo, aunque también más relacionado con la magia. Conocemos un ritual llamado utisetur, traducido, literalmente, por “sentarse afuera” y que consistía en una especie de noche de vigilia, a la intemperie, buscando la comunicación con los espíritus o la obtención de visiones. También estaban los conjuros o hechizos cantados llamados galdrar y que, según las Eddas, fueron aprendidos por Odín de un gigante. Servían para propiciar buenos partos, causar o curar enfermedades, embotar filos de espadas, resucitar muertos… Conocido por todos es también el supuesto carácter mágico de las runas, del que también hablaremos más adelante.

Bibliografía

  • BERNÁRDEZ, Enrique. Los mitos germánicos. Ed. Alianza Enayo, Madrid, 2002.
  • BOYER, Régis. La vida cotidiana de los vikingos (800-1050). José J. de Olañeta, ed, Palma de Mallorca, 2005.
  • COHAT, Yves. Los vikingos, reyes de los mares. Ed. Aguilar Universal, Madrid, 1989.
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  • MOGK, Eugen. Mitología Nórdica. Ed. Labor, Barcelona, 1932.
  • NIEDNER, Heinrich. Mitología Nórdica. Ed. Edicomunicación, Madrid, 1919.
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  • VELASCO, Manuel. Breve historia de los vikingos. Ed. Nowtilus, Madrid, 2012.
  • http://www.freethoughtnation.com/contributing-writers/63-acharya-s/666-ancient-unparalleled-pre-christian-temple-discovered-in-norway.html

Los próximos artículos serán el resto de partes que componene “El Culto en la Era Vikinga”. Pincha en el enlace para acceder a ellos y no te los pierdas.


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