El Ajedrez de Lewis.

Los vikingos, alejados ya por fin del estereotipo de salvajes, sucios, zarrapastrosos, rudos, saqueadores, violadores, ectétera, fueron, sin duda, unos de los más increíbles artesanos de su tiempo. Gracias a la arqueología sabemos que tenían un gusto exquisito para el arte y la fabricación de piezas de artesanía las cuales no sólo importaban de lugares tan alejados como Bizancio y Bagdad, sino que también las fabricaban ellos mismos y eran codiciadas por toda Europa.

Ajedrez Lewis
Ajedrez Lewis

Bajo el nombre Ajedrez de Lewis o Lewis/Iug Chessmen conocemos el conjunto de 93 piezas que pertenecieron, según se cree aunque es algo que no está muy claro aún, a cuatro o cinco juegos distintos de ajedrez. Están talladas en marfil, concretamente en colmillo de morsa y de ballena, habiendo un total de 8 reyes, 8 damas, 16 alfiles, 15 caballos, 12 torres y 19 peones siendo todos formas humanas a excepción de los peones, que tienen forma de estela rúnica o lapida. Los análisis científicos que se les han realizado revelan que algunas de ellas conservan restos de pintura roja y otras de pintura negra, lo que – probablemente – nos estaría indicando los colores de los bandos contrarios en el juego. Algo realmente curioso de estas piezas es que casi todas se encuentran en una clara y remarcada actitud de abatimiento o languidez, exceptuado los que parecen ser berserkes que, como manda la leyenda, aparecen llenos de furia y éxtasis mordiendo sus escudos.

Se trata de piezas que miden, como máximo, 10 centímetros de altura, talladas y decoradas con motivos románicos y fechadas alrededor de los años 1150 y 1200 realmente parecidas a las figuras halladas en Trondheim (Noruega) de la misma época. Para los historiadores se trata de un gran ejemplo de los lazos que aún se mantenían, tras la Era Vikinga, entre Noruega y las Hébridas Occidentales, parte de Escocia que estuvo bajo la soberanía noruega hasta 1266. Algunos historiadores apuntan a que la fabricación de las mismas habría sido perfectamente factible en la propia Trondheim, viajando desde allí a las Hébridas. Es probable que algún mercader ambulante se viese forzado, por motivos desconocidos, a ocultarlas en la arena mientras recorría el camino entre Noruega y los asentamientos nórdicos en la costa occidental de Irlanda esperando recuperarlas posteriormente, cosa que no llegó a suceder.

Ajedrez de Lewis arriba: rey, dama, alfil medio: caballo, torre, peón abajo: detalle de dama (réplica).
Ajedrez de Lewis.
Arriba: rey, dama, alfil medio: caballo, torre, peón. Abajo: detalle de dama (réplica).

Las piezas se hallaron en el año 1831 en los bancos de arena de la Bahía de Uig, en la costa este de la isla de Lewis, en las Hébridas Occidentales, actual territorio de Escocia y el cómo llegaron allí no está exento de leyendas locales que se remontan al siglo XVI y que van desde robos y confesiones en el lecho de muerte hasta la curiosa historia que narra cómo fue desenterrado por una vaca que pastaba por allí. Lo que sí está claro es que desde ese año se expusieron las piezas en la Sociedad de Anticuarios de Escocia para, poco después, separarse; diez se quedaron en Escocia, pasando de mano en mano entre coleccionistas, anticuarios y pequeños museos hasta que llegaron a su destino actual, el Museo de Escocia en Edimburgo. El resto de las piezas  se encuentran en el British Museum, en Londres, localización no exenta de una polémica que se ha retomado recientemente sobre cuál es el lugar más adecuado para su exposición conjunta, si Londres o Edimburgo.

Ajedrez de Lewis
Ajedrez de Lewis

Bibliografía:

  • HALL, Richard. El mundo de los vikingos. Ed. Akal Grandes Temas, Madrid, 2008.
  • TAYLOR, Michael. The Lewis Chessmen. British Museum Publications Limited, Londres, 1978.
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