Uno de los aspectos que más llama la atención sobre los vikingos es todo ese imaginario que se ha creado en torno a la figura del guerrero vikingo. Letal. Cruel. Saqueador de iglesias, asesino de curas, violador de mujeres a las que les arrancaban sus bebés de los brazos. Imaginario que, como podréis deducir, es falso al menos en gran parte. Por ello – y siguiendo los Ciclos que me gusta iniciar en el blog sobre temas muy concretos y amplios – hoy comienzo uno sobre “Cómo luchaban los vikingos en el que vamos a ver todos los aspectos de la vida bélica de los vikingos desde una perspectiva histórica, real, documentada y alejada – una vez más – de mitos y leyendas. Vamos a tocar aspectos como qué tipo de topas eran los vikingos, su armamento, cómo luchaban, algunas tácticas y técnicas características, hablaremos de algunos cuerpos de élite como el hird, los huscarles, la Guardia Varega, los berserkers o los jomsvikings y hablaremos de algunos grandes ejércitos vikingos y de algunas batallas memorables.

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Al abordar el tema sobre cómo lucharon los vikingos vamos a tener que despojarnos de nuevo de prejuicios, imágenes hollywoodienses y estereotipos que poco se corresponden con la realidad. Hemos dicho muchas veces que lo que caracterizaba a un vikingo era, principalmente y entre otras muchas cosas, su actividad como saqueador e incursor y, precisamente derivada de esta actividad, encontramos su forma particular de luchar.

Si bien es cierto que llegó a haber ejércitos vikingos profesionales de tamaño descomunal, de los que hablaremos en siguientes entradas, como el conocido Gran Ejército Danés del siglo IX o el ejército de Harald Hardraada en Stamford Bridge en 1066, ésta no fue la tónica general ni mucho menos. Los vikingos fueron, esencialmente, soldados de infantería que luchaban en grupos más o menos reducidos; los ejércitos más profesionales y más organizados aparecieron a medida que la Era Vikinga avanzaba y la sociedad se complejizaba y centralizaba, momento en el que de saqueos puntuales se fue a pasando a la conquista y la colonización de territorios. Aún con todo, los vikingos predominantemente siguieron siendo tropas de infantería de tamaño mediano o pequeño, como la mayoría de las tropas de toda Europa en aquella época.

Se ha hablado de vikingos salvajes y bárbaros, sin respeto por nada a la hora de luchar, sin embargo, cuando abordamos las crónicas que nos hablan de ello para documentarnos, como fuentes para la historia que son, debemos tener en cuenta que fueron escritas por contemporáneos de los vikingos que, además y desafortunadamente para ellos, los sufrieron en carnes propias en la mayoría de los casos. El grueso mayor de las crónicas son anglosajonas, es decir, escritas por cristianos que vieron como sus iglesias y sus monasterios comenzaban a ser saqueados, destrozados, incendiados y profanados sin remilgo desde finales del siglo VIII por un grupo de paganos sin respeto a su Dios a los que consideraron el castigo divino por los pecados cometidos en la tierra por los cristianos. Y eso les hacía todavía más terribles, más salvajes, más bárbaros. Sin embargo, no es que los vikingos no tuviesen respeto por la religión cristiana, es que no tenían por qué tenerlo cuando ellos eran paganos, adoraban otros dioses y tenían un concepto de la vida, la muerte y el mundo absolutamente distintos. Y eso, los propios cristianos, imbuidos por el espíritu de la fe única y verdadera, no supieron verlo. El guerrero vikingo no fue más sádico, más cruel o lo hizo con más gusto que cualquier otro guerrero de su época. Pero eran buenos, terriblemente buenos, en lo que hacían.

Los vikingos, guerreros de infantería.

Vamos a comenzar por decir que, mal que esto le vaya a pesar a muchos, los vikingos es más que probable que no fuesen los mejores guerreros de su época en cuanto a técnicas, tácticas y armamento se refiere. Sin embargo su actitud frente a la lucha promovida por su propia actitud hacia la vida y, sobre todo hacia la muerte, les dio la predisposición y la astucia de convertirse, ahora sí, en uno de los guerreros más letales e implacables de su época. La mentalidad, que podríamos llamar predeterminista, de los vikingos creó una sociedad en la que los factores ideología y guerra estaban absolutamente vinculados entre sí. El destino estaba escrito y no se podía cambiar, las nornas lo tejían y éste avanzaba inexorable dando igual lo que uno hiciese por intentar cambiarlo. Además, recordemos que para los vikingos el máximo honor – otro concepto indesligable en la idiosincrasia vikinga – era morir en combate, ya que de esta forma se accedía al Valhalla, el gran salón en el que se reunían los caídos en batalla para festejar su destino hasta la llegada del Ragnarök, momento en el que todo el mundo, incluidos los dioses, sería destruido. No es de extrañar que esta idea de la muerte y el destino crease unos guerreros perfectamente dispuestos a luchar y morir, a correr todos los riesgos sin temeridad. La ferocidad de los vikingos en el combate cuerpo a cuerpo es algo atestiguado en todas las crónicas medievales y de las pocas cosas en las que todos los que han escrito sobre ello, sean del bando que sean, coinciden. Uno de los ejemplos sobre esta “ferocidad vikinga” son los escritos que nos han quedado sobre la Batalla de Brunanburh, sucedida en el año 937 enfrentando el ejército de Wessex contra el ejército en coalición de Olaf III Guthfrithson, rey hibernovikingo de Dublín, Constantino II de Escocia y Owen I de Strathclyde, en el que cayeron derrotados los vikingos. Crónicas como la Crónica Anglosajona, los escritos de Guillermo de Malmesbury, los Anales de Tigernach, los Anales de Ulster o los Anales de Clonmacnoise cuentan que, pese a que las bajas de los vikingos en esa batalla fueron numerosas, éstos lucharon sin tregua y con toda la violencia y entrega del mundo hasta el fin.

Como hemos mencionado, la forma de luchar de los vikingos la definió su propia actividad, los vikingos adaptaron sus métodos, sus tácticas e, incluso, su armamento. Sin embargo, los escandinavos de antes de la Era Vikinga – al no ser vikingos y no llevar a cabo la actividad de éstos – tuvieron una forma distinta de luchar que fue evolucionando a medida que los vikingos se “convertían” en vikingos. Sabemos, gracias a los hallazgos arqueológicos en yacimientos suecos , que antes de la Era Vikinga, durante la llamada Era de Vendel, los antepasados de los vikingos contaron con imponentes tropas de caballería con importantes guerreros bajo las órdenes de grandes líderes, armados con costosas armaduras, yelmos de antifaz, cotas de malla, estribos, sillas de montar y armas pesadas Sin embargo, todo este armamento y esta forma de luchar cayeron en desuso a lo largo del siglo VIII debido a que el modus operandi de los vikingos fue sustancialmente distinto; su método fue el de las incursiones relámpago, llamadas strandhögg, y que consistían en un ataque rápido, por lo que se necesitaba un equipo más acorde con este nuevo modo de guerra. Un equipaje más ligero de transportar en barco y más manejable que alejó a los vikingos de los soldados de caballería y los acercó a la infantería ligera, de la que hablaremos a continuación. Las técnicas, las armas y el modo de lucha de los soldados escandinavos de la Era de Vendel fueron “recuperadas” por los vikingos que llegaron a Bizancio, los varegos, que se convirtieron en la Guardia Varega, la guardia personal del Emperador Bizantino y de los que hablaremos cuando tratemos los cuerpos de élite.

Por lo tanto, los vikingos nunca fueron  caballeros, sino que fueron soldados de infantería debido actividad, a su tipo de ataque, a su forma de hacer y comprender la guerra y debido también a su propio medio de desplazamiento; el barco. Transportar caballos en barcos a largas distancias no era algo común por aquél entonces; uno de los primeros en hacerlo fue el Duque de Normandía, Guillermo I el Conquistador, quién derrotó a los anglosajones en la Batalla de Hastings en 1066, el final de la Era Vikinga. Además, los caballos escandinavos no eran aptos para la lucha; el caballo sueco o el islandés, llamado así ya que fueron los vikingos quienes lo introdujeron en Islandia al conquistarla, eran ponis de montaña, animales inteligentes, pausados, capaces de soportar climas extremos y el peso de grandes cargas durante largas travesías, pero no eran manejables para la lucha. Los vikingos los usaban para moverse por sus tierras, para transportar las mercancías, para ayudarse en las tareas de la granja, pero no para luchar.

Caballo Islandés.
Caballo Islandés.

¿Si hemos dicho que los vikingos eran guerreros de infantería; qué es la infantería?  La infantería es la fuerza de combate a pie de los ejércitos, característica por utilizar armas portátiles y semiportátiles como por ejemplo y en época medieval, espadas, arcos, hachas, lanzas, cuchillos, alabardas, mandobles, etcétera. Dentro de la infantería existe un grupo llamado infantería ligera, que es donde podríamos introducir a los vikingos; ésta estaba especializada en la incursión en profundidad dentro del territorio enemigo, caracterizada por llevar equipos y armas ligeras que les aportaban gran movilidad a la hora del transporte y de la exploración. Se trata de un concepto eminentemente contemporáneo, como los rangers americanos, pero que casa perfectamente con el modelo vikingo de las incursiones relámpago.

Los orígenes de la infantería hay que buscarlos en los grupos guerreros de la Edad de Piedra que luchaban con lanzas y garrotes, protegidos por gruesas prendas de cuero. Con el tiempo, se fue produciendo una evolución y una mejora de las armas tanto defensivas como ofensivas; aparecieron dagas de bronce o hierro, lanzas más largas y rectas, armas más sofisticadas como espadas largas o hachas de guerra. También evolucionaron las protecciones, desde prendas de tejidos gruesos hasta armaduras de metal y cuero que se acompañaban de escudos de todo tipo. Y no sólo evolucionaron las armas, sino que también lo hicieron las tácticas de combate; la elección de un arma u otra dependía generalmente del resto del equipamiento, de la táctica que se fuese a usar, del enemigo al que combatir y de los factores culturales. Tras la caída del Imperio Romano comenzó a cobrar importancia la caballería derivado de la influencia que comenzaban a ejercer pueblos como el persa, los pueblos de la estepa o los pueblos germánicos. Incluso, como hemos visto, los propios escandinavos anteriores a los vikingos asimilaron para sí esta forma de luchar que, sin embargo, no terminó de cuajar en todas partes, como entre los vikingos o entre los anglosajones.

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Guerreros Infantería Vikinga (Imagen: DOUGHERTY, Martin. J. Armas y Técnicas Bélicas de los Caballeros Medievales (1000-1500). Ed, Libsa, Madrid, 2010.)

El soldado de infantería es el tipo de soldado más básico, incluso un hombre desarmado podría hacer de infante usando rocas o troncos de madera como armas arrojadizas. Normalmente no ha sido tan exagerado, pero es cierto que, por el propio principio de reclutamiento en la mayoría de sociedades, muchos integrantes de la fuerza de infantería eran campesinos quienes, en el momento de ser convocados, no tenían más arma que sus herramientas de trabajo, como hachas o azadones. Este principio de reclutamiento de cualquier ejército era la leva, el fyrd, el ban. Los líderes llamaban al pueblo al servicio de las armas cuando se necesitaba con un adiestramiento mínimo o inexistente. El fyrd fue, en el mundo anglosajón tan similar en muchos aspectos con el vikingo, un ejército de hombres libres que se movilizaba para defender sus tierras en caso de ataque y unidos a la expedición del monarca. Se les solía congregar por periodos de tiempo relativamente cortos y los integrantes tenían que aportar sus propias armas y sus propias provisiones. A partir de las incursiones vikingas, sobre todo a partir del siglo IX bajo el reinado de Alfredo el Grande se intentó profesionalizar en la medida de lo posible añadiéndole un núcleo de soldados experimentados, cuerpos de élite de los que hablaremos más adelante.

Antes de la aparición de los ejércitos absolutamente organizados integrados los soldados profesionales, la mayoría de éstos estaban formados por hombres que luchaban para proteger a su familia y para cumplir con sus deberes para con la sociedad. Aún así, como hemos dicho, también existieron grupos de soldados profesionales con un equipamiento más costoso que suponían un fuerte desembolso para las arcas de los reinos. Los soldados sólo contribuían a la economía con el fruto de los saqueos y de las conquistas, pero en periodos de paz costaban dinero a las arcas de los reyes o los líderes. Como sabemos, en una sociedad como la escandinava que a principios de la Era Vikinga no contaba con grandes reinos o grandes reyes o líderes, la mayoría de los vikingos no eran soldados o guerreros profesionales a tiempo completo, además de guerreros eran eminentemente granjeros y por ello la mayoría de las campañas vikingas, sobre todo las de saqueo y pillaje, se realizaban en verano, cuando las tareas de la granja ya se habían terminado, y regresaban al final del verano para volver a comenzar con ellas. Es curioso que se conozca como hibernovikingos o hiobernonórdicos a aquellos vikingos que se aventuraron hacia el oeste y que, por primera vez, no regresaron a sus granjas tras el verano, sino que pasaron el invierno en el lugar al que habían llegado, a Irlanda. Estos vikingos que llegaron a Irlanda no fueron simples saqueadores, sino que se convirtieron en colonos, explotadores y en dueños de las nuevas tierras a las que llegaron dejando atrás Escandinavia.

¿Cómo luchaban los vikingos? Los guerreros escandinavos eran hombres de fuerte temperamento que solían luchar en pequeños grupos de asalto formados generalmente por hombres a los que les unían lazos de lealtad, familiares, tribales o comerciales. Su equipamiento era diverso y variaba en función de la riqueza del guerrero. Hablaremos en otra entrada del ciclo sobre armamento largo y tendido pero, a grandes rasgos, los vikingos utilizaban arcos, lanzas, hachas de guerra, espadas, cascos de cuero igual que las protecciones del cuerpo y escudos generalmente redondos. Los más ricos se habrían permitido algún tipo de armadura o protección parecida a la cota de malla y yelmos cónicos. Jamás, como sabemos, cascos con cuernos.

Cuando estos grupos de escandinavos se juntaban para formar un contingente o ejército más grande no solían reorganizarse en algo mayor y más eficaz sino que los hombres luchaban con sus grupos y con los líderes de su comunidad. El resto de combatientes podían ser iguales que ellos, pero no dejaban de ser extraños ya que combatir juntos, como un solo grupo, era un concepto ajeno a las culturas tribales anteriores al Medievo y de principios de éste.  Hasta que no aparecieron los reinos vikingos con líderes poderosos que unificaron tribus, clanes y grupos y que ostentaron una autoridad suficientemente fuerte sobre el conjunto no fue posible crear una fuerza de infantería organizada y homogénea bajo las órdenes de un solo hombre. Ésta terminó por nacer fruto de la necesidad cada vez más imperante de un cuerpo fuerte y preparado a medida que las tropas que entraban en  combate iban siendo cada vez mayores, por lo que se requería cada vez más organización.

Además, los ejércitos de los vikingos no fueron permanentes ni regulares, eran ocasionales, digamos con un lenguaje actual que en la mayoría de casos eran ejércitos de obra y servicio; para las incursiones de verano, para los viajes de comercio, para ir a explorar, para colonizar un territorio… Una vez terminado del viaje o el cometido del mismo, por norma general los que habían sobrevivido volvían a sus granjas y, hasta el verano siguiente, hasta un nuevo viaje de comercio o hasta nuevo aviso de peligro, el vikingo se convertía de nuevo, como hemos visto, en el campesino y señor de su granja, dedicado a las tareas de ésta.

Podemos decir que los vikingos eran, pues, más guerreros por vocación que por profesión y, salvo en contadas ocasiones, no tuvieron ejércitos permanentes ni regulares. El tema del tamaño de los ejércitos vikingos es muy complicado de determinar ya que las fuentes son pocas y varían con asombrosa facilidad según la pluma con la que hayan sido escritas. Como hemos dicho, se habría tratado más bien de tropas pequeñas, no superiores generalmente a 300 o 400 hombres en el mejor y mayor de los casos que se encontraban cohesionadas en torno un líder fuerte, poderoso y carismático cuyas cualidades guerreras debía haber demostrado ya sobradamente. Es necesario tener muy presente que los reyes y jarls vikingos eran, sobre todo, grandes jefes y señores de la guerra avalados por sus proezas y sus hazañas. Muchos de ellos solían morir jóvenes en batallas ya que su valentía era el motor que movía a sus hombres. Pero también es necesario tener muy presente que, sobre todo a inicios de la Era Vikinga y sobre todo en los conocidos ataques relámpago, es más que probable que la tropa fuese sustancialmente menor a esos 300 o 400 hombres; se han documentado saqueos en los que la tripulación llegó en tres barcos de tamaño no especialmente grande. Sin embargo, y sin desmerecer los pocos precedentes que conocemos, sabemos que en ocasiones contadas los vikingos fueron capaces de reunir un ejército de tamaño descomunal para luchar contra un enemigo que así lo requería, bajo las órdenes de un solo líder o de varios de ellos, de los que hablaremos más adelante.

Tras esta introducción a las formas de lucha de los vikingos, en las siguientes entradas de este ciclo hablaremos más en profundidad de técnicas, tácticas, armamento, cuerpos de élite y batallas concretas.

Bibliografía:

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