… Y otras historias macabras entre vikingos e ingleses.

La historia entre los vikingos y los ingleses ni comenzó bien, ni terminó bien. Sabemos que los hombres del norte extendieron su dominio por numerosos territorios; desde Islandia, Groenlandia o Vinlandia hacia el oeste, Francia o Alemania en el continente o Rusia y Bagdad hacia el Este. Sin embargo, si en algún sitio estuvieron de principio a fin, fue en Inglaterra y no es de extrañar que las fechas simbólicas de la Era Vikinga, su inicio y su fin en el 793 y el 1066 respectivamente sean fechas que conmemoran acontecimientos acaecidos en las Islas Británicas.

De Lindisfarne a Hastings por Inglaterra pasaron noruegos primero y daneses después que se dedicaron al saqueo y al comercio, se establecieron de forma permanente convirtiéndose en colonos dominando vastas zonas, lo que se conoce como el Danelaw, extorsionaron a los habitantes con tributos que hoy en día nos dejarían la boca abierta, lo que se conoce como el Danegeld, e incluso se coronaron reyes como Canuto el Grande, quien fue rey de Inglaterra y Dinamarca en el siglo XI.

No es de extrañar que casi 300 años de presencia vikinga en las islas – no siempre en las condiciones más amables – terminase por engendrar un odio irreversible entre ambos grupos. Se ha hablado – y mucho – de las atrocidades que cometían los vikingos; ya sabéis, esa imagen de saqueador, guerrero que pierde el norte en combate y asesina monjes y viola mujeres extranjeras; sin embargo algo que debemos tener muy en cuenta es que los vikingos no fueron ni peores ni más sanguinarios que cualquier otro guerrero de su tiempo. El problema, es que tendemos a mirar y analizar el pasado desde una perspectiva o una coyuntura actual sin pararnos a pensar lo que era normal o habitual en otros tiempos.

Lo que os voy a contar es sólo una anécdota que no exime de cargos ni justifica – si es que tal cosa se puede hacer en Historia – ni a unos ni a otros, una curiosidad de esas que nos podrían dar un quesito amarillo del trivial, pero una curiosidad bajo la que subyace un ideario mucho más amplio y es que, en tiempo de guerra… ya se sabe.

Cuenta la leyenda que, hastiados del constante ataque y expolio vikingo, los ingleses no tuvieron el menor reparo en vengarse en cuanto tuvieron oportunidad. Cuenta esta leyenda la historia de un vikingo danés – cuando los daneses ya eran cristianos – que fue capturado en Hadstock, un pueblecito cerca de Essex, y tal era la ira de los habitantes del lugar que lo asesinaron y lo despellejaron vivo, colgando parte de su piel en la puerta de la Iglesia, como advertencia para el resto, durante siglos.

Todo esto habría quedado en una simple leyenda si no fuese porque en el siglo XIX, bajo las bisagras de la puerta original, se encontró un trozo de piel que se llevó al Museo de Safford Walden en el año 1847, donde todavía permanece, y donde se registró como “un trozo de piel humana de la Iglesia de Hadstock”.  ¿Cómo sabían que era un trozo de piel humana? Un año después, en 1848, la muestra fue examinada por el señor Quekett del Real Colegio de Cirujanos quien, no sólo categorizó que se trataba de piel humana, sino que también remarcó que debía ser de la piel de la espalda de un danés, ya que había encontrado en ella tres pelos rubios. Pero la curiosidad en el asunto no quedó aquí y, más de un siglo después, en 1974 otro test realizado esta vez en la Universidad de Leeds volvió a corroborar que se trataba de piel humana y también especificaba que pertenecía alguien con el pelo rubio o gris. Sin embargo, lejos de quedar ya el asunto aparcado, este fragmento de piel viajó hasta el Centro de Biomoléculas Antiguas de Oxford donde, en el año 2000, se sometió a un minucioso análisis genético con las más modernas técnicas. ¿Cuál fue la sorpresa? Este test, mucho más avanzado que los anteriores, dictaminó que se trataba de piel de vaca, no de piel humana, eso sí, de una vaca de época vikinga. Quienquiera que lo hiciese sabía muy bien que buscaba el engaño y la concienciación ya que los investigadores aseguran que se debió escoger alguna parte de la vaca, como la zona del vientre, que  a simple vista parece piel humana.

Etelredo I el Indeciso - Rey de Inglaterra
Etelredo I el Indeciso – Rey de Inglaterra

Da igual que en el fondo no haya resultado ser piel humana porque, como os comentaba, el trasfondo no cambia; este hecho, esta leyenda que ha llegado hasta el siglo XXI y que todos creyeron a pies juntillas hasta hace cuatro días, es una magnífica muestra del ambiente de odio entre vikingos e ingleses que se vivía en la Inglaterra de aquella época. Odio que alentara la propia corona entre sus súbditos cuando en el año 1002 organizó una “limpieza étnica patrocinada por el Estado” el día de San Bricio, el 13 de noviembre, un sábado. El rey inglés en aquel momento, Etelredo II el Indeciso, ordenó asesinar a todos los daneses que vivían en Inglaterra, daneses a los que pilló absolutamente desprevenidos por la mañana, en sus granjas dándose el baño de todos los sábados, y daneses a los que exterminó casi en su totalidad. Mujeres, hombres y niños de todas las edades fueron asesinados, dando igual si se trataba de familias procedentes de la primera oleada de colonización, de las que llevaban más de cien años conviviendo en Inglaterra de forma pacífica, asimilados entre los ingleses.

Canuto el Grande - Rey de Dinamarca e Inglaterra.
Canuto el Grande – Rey de Dinamarca e Inglaterra.

Lo irónico del destino en este caso quiso que, a la muerte de Etelredo muy poco tiempo después, subiese al trono, amparado por la propia Iglesia – que no tuvo más remedio –, el que conocemos como Canuto el Grande, un vikingo danés que gobernó de forma conjunta y hasta su muerte los reinos de Inglaterra y Dinamarca.

Bibliografía.

  • RICHARDS, Julian. The blood of the Vikings. Hodder & Stoughton. Londres, 2001.
  • Documental de la BBC The blood of the Vikings, Part III – The Rulers. 2001.
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