Para los vikingos el concepto de rey (en nórdico antiguo konungr) era muy distinto –sobre todo a inicios de la Era Vikinga– del que tenían otros pueblos en el continente europeo. Hasta casi finales del periodo vikingo, las sociedades nórdicas tenían líderes (jarl) o pequeños reyes (konungr) que reinaban sobre comunidades y grupos de personas más o menos reducidos. Incluso en lugares como Islandia no existieron los reyes. El concepto de rey sagrado, de rey majestuoso y rodeado de pompa y ceremonial, como por ejemplo Carlomagno, les fue muy ajeno a los vikingos hasta la introducción del cristianismo y la centralización del poder en Escandinavia a partir del siglo XI.

Y prueba de ello es la crónica –graciosa y anecdótica, pero harto reveladora– que nos dejó el cronista normando del siglo X Dudon de Saint-Quentin; éste nos cuenta el encuentro entre una partida de daneses que llegaron al Imperio Franco y el rey de este imperio. Una vez en presencia del rey, a los daneses se les ordenó que –en señal de sumisión –le besasen, como era costumbre, los pies al monarca franco. El líder de los daneses se negó, en calidad precisamente de líder que no debía sumisión a nadie, pero sus hombres no tuvieron demasiado problema en cumplir –sin entender– lo que los cristianos les pedían. Sin embargo, no fue del todo lo que el rey franco y su séquito se esperaban. Cuenta la crónica que el primero de los daneses se levantó, se dirigió hacia el monarca franco y, en vez de agacharse, le cogió el pie, lo arrastró de su silla hasta tirarlo al suelo y lo dejó prácticamente boca abajo llevándose el regio pie a la boca.

Y de esta guisa le besaron los daneses los pies al rey de los francos.

Bibliografía:

  • BOYER, Régis. La vida cotidiana de los vikingos (800-1050). José J. de Olañeta, ed, Palma de Mallorca, 2005.
  • http://www.hurstwic.org/
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