Ægishjálmr o Ægishjálmur

El Símbolo del Ægishjálmr o Ægishjálmur.
El Símbolo del Ægishjálmr o Ægishjálmur.

El aegishjalmur o ægishjálmur – en nórdico ægishjálmr – parece ser que fue, semejante a la parte mágica del Vegvísir, un símbolo mágico de protección utilizado por los guerreros escandinavos. Del mismo modo que el Vegvísir, además, se trata de un símbolo islandés y se ha traducido como “hechizo del terror o del temor”.

¿Dónde podemos encontrar alguna explicación de este símbolo? En las Sagas y en algunos compendios medievales y es ahí donde radica, precisamente, lo complicado de desligar qué hay de real y qué de mito en estos símbolos ya que la mayoría de estos textos, como bien sabemos, son posteriores a la Era Vikinga. Podemos encontrarlo de forma explícita y con relación con la protección en las siguientes Sagas:

  • Saga Eyrbyggja
  • Saga de Njál
  • Saga de Reydkaela ok Víga-Skútu
  • Saga Vatnsdoela
  • Saga Volsunga.

Asimismo, también podemos encontrarlo en un libro del que ya hablamos al tratar el Vegvísir; el libro islandés de magia, llamado Galdrabók. Se trata de un grimorio, un tipo de libro de conocimiento mágico harto popular entre la Alta Edad Media y el siglo XVII que contenía referencias astrológicas, listados de ángeles, demonios y criaturas mitológicas, instrucciones para aquelarres, conjuros, encantamientos, hechizos, medicina, así como medios para hablar con el más allá o fabricar talismanes.

El Galdrabók (literalmente Libro de Magia en islandés) está fechado en torno al año 1600 y se trata de un pequeño manuscrito que contiene 47 citas. Fue compuesto por cuatro escribas, tres de origen islandés y uno de origen danés, que trabajaban con material procedente de Islandia consistente, principalmente, en escritos en rúnico y en latín, así como un compendio de símbolos mágicos, invocaciones a entidades cristianas, demonios, dioses nórdicos paganos e instrucciones sobre el uso de hierbas o artilugios mágicos. Algunos conjuros son de protección, donde encajaría el aegishjalmur, otros contra problemas en el embarazo, contra el dolor de cabeza, insomnio, la peste, los sufrimientos o las desorientaciones en el mar (como el Vegvísir). Parece ser que era extendida la creencia de que si se llevaban consigo – tal vez en forma de amuleto o de tatuaje – estos símbolos cumplían la función para la que habían sido diseñados.

El Ægishjálmr o Ægishjálmur entre las páginas del Galdrabók.
El Ægishjálmr o Ægishjálmur entre las páginas del Galdrabók.

Aunque no está demostrada la utilización de tatuajes por parte de los pueblos nórdicos previa a la entrada del Cristianismo, no es en absoluto improbable y disponemos de algunas fuentes que así lo avalarían. El ejemplo de que los hombres conocían los tatuajes y cómo hacerlos mucho antes de la llegada de los tiempos modernos lo tenemos en el “Hombre de Ötzi”. Así se conoce a la momia de un hombre que vivió alrededor del año 3300 a.C., descubierta de manera fortuita en el año 1991 por dos alpinistas alemanes en los Alpes de Ötzal, en la frontera de Austria e Italia. El cuerpo de este hombre de hace más de cinco mil años tiene varios tatuajes en la muñeca izquierda, en la zona lumbar de la espalda, en la pierna derecha y en la izquierda. Son dibujos poco reconocibles o descifrables, conjuntos de rayas paralelas en su mayoría que podrían haber tenido algún tipo de función curativa o mágica ya que gracias a los rayos X los científicos que han estudiado esta momia han podido averiguar que sufría artritis en las zonas tatuadas. Otro ejemplo de tatuajes rudimentarios – aunque no por ello menos espectaculares – son los tatuajes de los maoríes, llamados moko. Más ejemplos son los escritos de los historiadores romanos como Tácito  (c. 55 – 120) o Dion Casio (155 – c. 235); estos historiadores trataron y describieron a las tribus germánicas que acosaban el limes del Imperio Romano y nos hablan de hombres con el cuerpo pintado o tatuado. En cuanto a relatos también tenemos los del árabe Ibn Fadlan, quien en el siglo X se encontró con Los Rus o los Varegos – los vikingos que vivían en la zona del Volga –, y de los que dijo que estaban tatuados “desde las uñas hasta el cuello” y que “en su piel cubierta de tatuajes representan árboles”. Las Sagas también nos hablan de unos maestros de las runas llamados viktar que habrían llevado tatuado en el pecho hugrunir o runas para la memoria.

Las Sagas nos cuentan que el aegishjalmur era utilizado habitualmente por los guerreros vikingos como signo protector, un símbolo que se pintaban en la frente antes de las batallas, como herkumbl o “signo de guerra. Así, dibujado entre los ojos o las cejas, otorgaba la capacidad de hacer invencible al portador y atemorizaba a sus enemigos. Aparece en varias Sagas nórdicas como hemos visto, donde se le menciona con diversos nombres como “semblante del terror” o “carácter dominante”, en otras es – o parece ser, aunque con las metáforas usadas por los escaldos es difícil saberlo a ciencia cierta – un casco físico que confería el poder de la invisibilidad. El casco como elemento físico fue tomado al pie de la letra por Richard Wagner en su ópera el Anillo del Nibelungo, en ésta aparece con el nombre Tranhelm, un casco mágico usado como manto de invisibilidad por Alberich en El Oro del Rin que también tiene el poder de cambiar el aspecto del que lo usa; así Alberich se transforma en dragón y luego en rana en la tercera escena de El Oro del Rin, Fafnir se transforma en dragón al final de El Oro del Rin y Sigfrido toma la figura de Gunther en El Ocaso de los Dioses. Además, el casco en la obra de Wagner también permite viajar al instante entre grandes distancias.

Una de las citas más famosas del aegishjalmur se encuentra en la Saga Volsunga:

“Enn mælti Fáfnir: “Ek bar ægishjálm yfir öllu fólki, síðan ek lá á arfi míns bróður, ok svá fnýsta ek eitri alla vega frá mér í brott, at engi þorði at koma í nánd mér, ok engi vápn hræddumst ek, ok aldri fann ek svá margan mann fyrir mér, at ek þættumst eigi miklu sterkari, en allir váru hræddir við mik.”
Sigurðr mælti: “Sá ægishjálmr, er þú sagðir frá, gefr fám sigr, því at hverr sá, er með mörgum kemr, má þat finna eitthvert sinn, at engi er einna hvatastr.”

Saga Volsunga, capítulo 18.

“Y dijo Fafnir: “Un semblante del terror resistí frente a toda esa gente, tras lo cual medité sobre la herencia de mi hermano, y por todos lados arrojé veneno, de modo que nadie se atreviera a acercarse a mí, y no tenía miedo de arma alguna, ni nunca tuve tantos hombres ante mí, aunque me consideré yo mismo no más fuerte que todos ellos; pero todos los hombres me tuvieron gran miedo”.
Sigurd dijo: “Pocos logran la victoria por el ægishjálmur, para quien quiera que viene entre muchos descubrirá un día que ningún hombre es hasta ahora el más fuerte de todos.”

Traducción.

 

Según los textos nórdicos – aunque posteriores a la época vikinga – este tipo de símbolos se utilizaban o estaban relacionados con la magia seiðr, llevada a cabo generalmente por las mujeres y que tenía, entre otras, la facultad para el engaño de la percepción de las personas. Este tipo de magia seiðr, en su subconjunto o su especialidad llamada sjónhverfing, podía crear engaño, ilusiones, miedos; estos engaños a la vista los llevaba a cabo la seiðkona, haciendo que los demás no pudiesen ver las cosas como realmente eran. Las Sagas nos hablan de cómo – especialmente – con este tipo de magia uno podía ocultarse de sus perseguidores.

Aunque la Era Vikinga terminó de forma oficial a mediados del siglo XI muchas creencias vikingas permanecieron en el ideario de la sociedad, especialmente en Islandia, donde la magia seiðr y la simbología parece ser que siguieron en uso y perduraron durante mucho tiempo. Por entonces, la creencia consistía en que el ægishjálmur debía tallarse en plomo, colocarse entre las ceja y recitar el mantra “Ægishjalm eg ber milli bruna mjer(Ægishjalm te llevo entre mis cejas). Con ello, la victoria en la batalla estaba asegurada.

Si queréis saber un poquito más sobre la magia y el culto en la Era Vikinga os recomiendo la parte del Ciclo “El Culto en la Era Vikinga” en la que hablé sobre los Administradores del Culto.

Bibliografía y Fuentes: