Ayer, 8 de Marzo, se celebró como todos los años el Día de la Mujer y yo he querido hacer mi pequeño homenaje o aportación hablando de la mujer en la sociedad vikinga, un tema que es, como veréis, fascinante y que, una vez más, nos aleja de ese mito y tópico del vikingo bárbaro y salvaje que tanto me empeño en desmontar aquí en el blog.

La sociedad vikinga no fue una sociedad matriarcal en absoluto, tampoco nos llevemos a engaño ni exageremos más allá de lo que realmente fue en un sueño romántico emborrachado de feminidad o feminismo, no obstante, tampoco podríamos tacharla de ser una sociedad “masculinista” en la que la mujer no tuvo ningún rol o papel más allá del reproductor, como sí sucedía en otras muchas sociedades contemporáneas y en muchas sociedades hasta hace, como se diría, cuatro días, o en algunas a día de hoy.

Ilustración que aparece en el libro. Realizada por Azahara Herrero Ilustración para The Valkyrie's Vigil. © Todos los derechos reservados // All rights reserved. PROHIBIDO su uso o apropiación indebida.
Ilustración que aparece en el libro. Realizada por Azahara Herrero Ilustración para The Valkyrie’s Vigil. © Todos los derechos reservados // All rights reserved. PROHIBIDO su uso o apropiación indebida.

La mujer vikinga

Lo que vamos a ver es el papel que jugó la mujer vikinga de clase media-alta, la esposa del bónði, el hombre libre con cierta posición y estatus dentro de la comunidad. Por supuesto, existieron otras mujeres de otras condiciones sociales como las esclavas, que no tenían apenas derechos, o las mujeres de los grandes jarls – nobles – o de los reyes que disfrutaron de muchas más prerrogativas que las mujeres libres, especialmente a nivel económico y social,

La mujer casada, la esposa del bónði que hemos mencionado, era la húsfreyja. Esta mujer mostraba su estatus privilegiado mediante ciertos elementos del vestuario que contenían un alto valor tanto funcional como práctico; por ejemplo, el manojo de llaves que colgaba de su cinturón o de los broches de sus vestidos, que no eran si no las llaves de los arcones, cofres, armarios o baúles de la casa, donde se guardaban las pertenencias importantes. Cuantas más llaves, más arcones y, por ende, más riqueza. Según el cronista y diplomático Ibn Fadlan – quien convivió con los vikingos del Este en el siglo X –:

“cada mujer lleva en cada seno una caja de hierro, plata, cobre u otro; el valor de la caja indica la riqueza del marido. Cada caja tiene un anillo del que pende un cuchillo. Las mujeres llevan cadenas en el cuello de oro y plata, uno por cada 10.000 dírhams que su parido posee; algunas llevan muchos. Sus más preciados ornamentos son cuentas de cristal verde que se encontraban en los barcos”.

Detalle de la vestimenta de una vikinga; podemos observar los detalles, los objetos, y las cadenas.
Detalle de la vestimenta de una vikinga; podemos observar los detalles, los objetos, y las cadenas.

La húsfreyja era la señora, la dueña y la máxima autoridad de la casa; era la que mantenía el control y la organización de las propiedades sin necesidad del beneplácito o la aprobación del marido. Era la jefa en el interior de la casa, lo que los vikingos llamaban innan húss, y que, simbólicamente, significaba que era la señora “pasada la viga del umbral” o innan stokks, un elemento que delimitaba jurídicamente el territorio doméstico frente al territorio público. Más allá de la viga, esto es, fuera de la casa o útan stokks, el dominio era del hombre, sin embargo, la mujer también se convertía en la dueña de toda la granja en ausencia del marido o husbóndi, esto es, cuando éste se encontraba fuera por estar comerciando o de incursión. En estos casos se ayudaba de los esclavos y del resto del personal de la granja para poder organizarlo todo.

¿Cuáles eran estas tareas femeninas? Las mujeres se encargaban del aprovisionamiento de la granja, de la organización de los alimentos y su conservación tanto de los del día a día como del almacenamiento para los meses de invierno. Las mujeres eran las que cocinaban para la comunidad y los hombres, por lo general, eran los que llevaban la comida a casa, aunque las mujeres también participaban en ello, generalmente practicando algún tipo de pesca menor en ríos o en la costa y recolectando frutos secos y hierbas ya que, según parece, la medicina – si podemos llamarla así – era cosa de las mujeres también. Las mujeres atendían a los pobres y a los miserables y, en sus ratos libres – o no tan libres – tejían y bordaban en el telar ya que eran ellas las que se encargan de la fabricación de casi toda la ropa de la familia y de la casa; desde los pantalones hasta los tapices que colgarían de las paredes. Las mujeres más modestas realizarían estas tareas en pequeños grupos comunitarios y, si tenían, ayudadas por esclavas. Aquellas más pudientes, como las mujeres de grandes jarls o reyes no habrían desempeñado estos papeles más que de forma simbólica, esto es, simplemente supervisando, recayendo la tarea física en sus mujeres de compañía y esclavas.

Y no sólo a nivel económico u organizativo la mujer era importante, sino que la sociedad vikinga tenía grandes consideraciones morales para con ella; era el alma de la sociedad, mientras que el marido era el brazo, ella era la autoridad moral de la familia y el marido la fuerza. La mujer vikinga era la guardiana de las tradiciones familiares y sociales, la que de forma oral inculcaba a sus hijos los valores sociales y morales, la que les enseñaba religión y la que les transmitía las leyendas y la historia de los vikingos y sus antepasados. Era la guardiana del legado vikingo, la que educaba a los futuros vikingos y vikingas para que fuesen apoyándose en aquello que fueron. A los chicos les enseñaban las artes de la guerra o las tareas masculinas de la granja los padres o parientes masculinos, cierto es, no obstante, los importantísimos conceptos de honor y valor los aprendían también de las madres, especialmente durante los primeros años de vida. Ellas inculcaban la teoría que debían aprender para el día de mañana ser de facto vikingos y vikingas. Por supuesto, y aunque sea una obviedad, las niñas aprendían absolutamente todo de sus madres. Y no sólo se encargaban de los propios hijos, sino que criaban y educaban a aquellos huérfanos o a aquellos que estaban en régimen de intercambio o acogida procedentes de otras familias, algo muy común entre los clanes vikingos.

En este sentido y para algunos investigadores, las mujeres habrían sido las iniciadoras de la poesía escandinava derivado de esta tradición oral que mantenían viva. También eran las que llevaban a cabo la magia seiðr, un tipo de magia que los dioses aesir aprendieron de la diosa vanir Freyja y que habría quedado exclusivamente para el género femenino, no estando muy bien visto que la practicasen los hombres. (Si queréis saber un poquito más de esto pasaos por el artículo del blog en el que estuve hablando sobre “Las formas del culto en la Era Vikinga)

Además, la mujer también defendía activamente el honor de su clan, ya que si bien no podía emprender o exigir acciones judiciales en el Thing o asamblea de gobierno, sí podía instar a su marido, padre o familiares masculinos a hacerlo. Y lo hacía. El hecho de estar excluidas de los asuntos públicos de índole gubernamental respondía principalmente a razones físicas ya que para los vikingos el orden lo componían la fuerza y la ley, y no radicaba en cuestiones de inferioridad a la hora de considerar a las mujeres. Y no participaban en el Thing porque, curiosamente, las vikingas no tenían derecho a  portar armas, hecho que radicaba, se cree, en un concepto importantísimo en la idiosincrasia de los vikingos, el concepto del honor. Uno de los derechos fundamentales de la sociedad vikinga era el de portar armas; todos los hombres libres podían – y debían – llevar consigo un arma. Los campesinos las portaban mientras realizaban las tareas de la granja y muchos hombres las colgaban de la pared al lado de sus camas, para tenerlas a mano en todo momento. El propio Hávamál reza:

“Don’t leave your weapons lying about behind your back in a field; you never know when you may need all of sudden your spear”

Sin embargo, este derecho tenía excepciones; mujeres y esclavos quedaban fuera del privilegio – y el deber – de portar armas. Los esclavos está bastante claro, pero ¿por qué estaba prohibido que una mujer llevase armas? Se cree que esta prohibición no era tanto una cuestión de desprecio o subordinación como de protección contra la violencia hacia las mujeres. Para los vikingos, dañar a una mujer era vergonzoso incluso aunque fuese accidentalmente, no porque fuesen inferiores, sino porque eran consideradas importantes. Como un vikingo, por honor, no atacaría jamás a un hombre desarmado – a un semejante vikingo, se entiende, otra cosa eran cristianos y aquellos habitantes de los lugares donde saqueaban –, prohibir que las mujeres llevasen armas era un medio de protección para evitar que ningún hombre se sintiese tentado de lastimarlas de ninguna manera. En el caso de que el daño o el ataque se produjese, el hombre que lo había cometido era castigado y la deshonra le perseguía.  No obstante, bien es cierto que en una época tan dura como la Era Vikinga y en una sociedad en la que las mujeres pasaban muchos veranos solas en las granjas o acompañadas de niños, ancianos y esclavos cuando los hombres se iban de expedición, todos y todas sin excepción sabían defenderse con las armas; una cosa es que de forma habitual no pudiesen llevarlas encima, y otra muy distinta que no las supiesen utilizar y que no dudasen en hacerlo cuando fuese necesario para protegerse a ellas mismas o a los suyos. Conceptos como el honor, el coraje, la fuerza y la independencia eran cualidades altamente valoradas tanto en hombres como en mujeres en la sociedad escandinava durante la Era Vikinga

Como podemos ir observando, al contrario que en muchas sociedades coetáneas, las mujeres no eran consideradas un mero o un simple objeto de placer, no eran vistas como simples paridoras cuyo único cometido era el de ser perpetuadoras de la especie, si no que éstas estaban enormemente respetadas por sus semejantes masculinos en parte, precisamente, porque eran las madres de los futuros vikingos y vikingas. Incluso en términos puramente sexuales, las mujeres gozaban de respeto y libertad. La mujer en la sociedad vikinga era la que daba la condición social de los hijos, esto es, de madre esclava, hijos esclavos, y de madre libre, hijos libres, no siendo determinante la condición social del padre más que en algunos casos puntuales. Además, la categoría social y el estatus de un hombre podía basarse en la categoría de la futura esposa y por ello conseguir riquezas, a base de comercio o de expedición, para concertar un buen matrimonio era tan importante. Los matrimonios sólo se producían entre familias o clanes de similar condición económica, si uno quería casarse con la hija de un jarl o un rey, debía aportar una suma de dinero al contrato matrimonial equivalente a la que aportaría la esposa.

El cuerpo de las mujeres no era un bien masculino y, de hecho, la violación de una mujer libre era uno de los pocos motivos en los que los vikingos y su asamblea de gobierno contemplaban la pena de muerte. Más allá aún, las crónicas árabes andalusíes que hacen referencia a los vikingos nos hablan de una moral sexual mucho más laxa de la que podríamos pensar, influidos por la moralidad cristiana, pero no sólo para los hombres, de los que sabemos tenían concubinas e, incluso, más de una esposa en ocasiones, sino también para las mujeres quienes, como sabemos, podían pedir el divorcio no sólo si el marido era impotente y – por ende – no podía darles hijos (algo sumamente importante para la sociedad escandinava) sino también si el marido no las satisfacía sexualmente.

Enlazado con esto, debemos matizar que la poligamia estaba aceptada en algunos casos – y debemos desechar de nuestra mente todo concepto de amor y relación de pareja actual –, sin embargo, generalmente esta poligamia la practicaban los hombres con concubinas esclavas que apenas tenían derechos, aunque existía – según los cronistas normandos – el matrimonio more danico; un matrimonio en el que el vikingo tenía más de una esposa y, si bien no sabemos si se consideraba oficial o no, los hijos fruto de este matrimonio sí eran reconocidos oficialmente e, incluso, tenían acceso a la herencia y al trono.

Emparentado con el matrimonio, algo que mucha gente no conoce de los vikingos es que en esta sociedad existía el divorcio y que los matrimonios podían disolverse si no eran satisfactorios por cualquiera de las dos partes implicadas. El único requisito para poder divorciarse era solicitarlo en presencia de algunos testigos, esto es, las mujeres podían exigir la separación del marido y, más aún, generalmente eran ellas quienes lo hacían ya que, como veremos, divorciarse llegaba a salirle muy caro a algunos hombres. Considerar un matrimonio insatisfactorio podía pasar por muchos motivos, siendo los más comunes según sabemos la infertilidad, la impotencia, los malos tratos o mala gestión económica de la granja, de hecho, los malos tratos suponían un motivo de divorcio ipso facto. Una vez casada, la mujer seguía perteneciendo a su clan de origen por lo que, si se solicitaba el divorcio, la mujer vikinga estaba en su derecho de solicitar de vuelta todo el monto que había aportado al matrimonio. Cuando se acordaba una boda en la sociedad vikinga, cada parte aportaba una suma al matrimonio: los vikingos el “mund” (o el precio de le novia) y las vikingas el “heimangerð” (o la dote). Al divorciarse, las vikingas tenían el derecho de recuperaban su dote y, además, si la culpa del divorcio era considerada del marido, éstas podían exigir su parte también. Así, una vikinga divorciada tenía suficiente independencia económica como para sobrevivir y volverse a casar si así lo deseaba, aunque sabemos que las segundas nupcias no fueron muy habituales. Las Sagas nos cuentan que el divorcio llegaba a suponer la ruina de algunos hombres y que éstos habrían hecho todo lo posible no separarse de sus mujeres.

Aunque hemos visto que, por lo general, las mujeres no llevaban armas y no luchaban, debemos hacer honor a la realidad – según las Sagas – de la existencia de algunas mujeres guerreras; las famosas escuderas o skjaldmö. Algunas mujeres acompañaron a sus hombres en las incursiones o en las batallas, como meras acompañantes, para atender heridos, preparar comidas, resguardar los campamentos y demás tareas domésticas y, a veces también, para luchar. En este último sentido encontramos la semilegendaria figura de las skjaldmö, las doncellas escuderas vírgenes que peleaban junto a los guerreros en el ideario mitológico nórdico. Algunas skjaldmö famosas fueron Lagertha o Freydís Eiríksdóttir, hija de Eirik el Rojo. Sin embargo, a día de hoy las únicas referencias que tenemos de ellas son en escritos como las Sagas o el Gesta Danorum de Saxo Gramático, y no podemos sustentarnos en evidencias arqueológicas. Si queréis leer sobre la veracidad de las mujeres guerreras vikingas, podéis hacerlo pinchando aquí.

Freydis luchando contra los Skraelingar.
Freydis luchando contra los Skraelingar.

Lo que sí nos ha revelado la arqueología hasta la fecha es que existieron mujeres de alto estatus a las que se les prestaron grandes atenciones en el funeral, algo que podemos ver a través del ajuar. Ser enterrada con tales bienes hace suponer a los historiadores que también los disfrutaron en vida y un gran ejemplo de ello es el conocido barco funerario de Oseberg, uno de los hallazgos arqueológicos más fascinantes y fastuosos en cuanto a contenido hallado en el ajuar funerario y que, precisamente, se corresponde con un entierro de dos mujeres. Además, gracias a las imágenes plasmadas en las piedras rúnicas podemos conocer aspectos tan dispares como las vestimentas femeninas o algunas de sus ocupaciones, como los telares y la costura.

Barco funerario de Oseberg, hallado en la región de de Tønsberg (Vestfold, Noruega) a principios del siglo XX . Se encuentra visitable en el Museo de barcos vikingos de Oslo.
Barco funerario de Oseberg, hallado en la región de de Tønsberg (Vestfold, Noruega) a principios del siglo XX . Se encuentra visitable en el Museo de barcos vikingos de Oslo.

Como nota curiosa y aunque ambos son vikingos; parece ser que las mujeres de los varegos o de los rus – los escandinavos que se instalaron en el Este, en las zonas eslavas –, estuvieron muy alejadas en cuanto a consideración y derechos en la sociedad de las mujeres vikingas de los países escandinavos o de las colonias en Inglaterra, Islandia y demás. ¿Qué pasó para que las vikingas dejasen de tener este estatus o esta condición? La mujer vikinga fue perdiendo sus prerrogativas, esas que la hacían característica y distinta a las mujeres de muchas sociedad medievales coetáneas, conforme el cristianismo avanzó y penetró en la sociedad escandinava, relegando el papel de la mujer e imponiendo la visión cristiana de ésta, mucho más sumisa, recatada y apartada del ente público. Curiosamente, los países escandinavos son actualmente los principales promotores de los movimientos feministas.

Bibliografía

Monografías

  • BOYER, Régis. La vida cotidiana de los vikingos (800-1050). José J. de Olañeta, ed, Palma de Mallorca, 2005.
  • COHAT, Yves. Los vikingos, reyes de los mares. Ed. Aguilar Universal, Madrid, 1989.
  • DONALD, Logan F. The Vikings in history. Routedge, Londres, 1991.
  • HALL, Richard. El mundo de los vikingos. Ed. Akal Grandes Temas, Madrid, 2008.
  • JONES, Gwyn. A History of the Vikings. Oxford: Oxford University Press, Londres, 1968.
  • OXENSTIERNA, Eric Graf. Los vikingos. Ed. Caralt, Barcelona, 1977.
  • SAWYER, Peter. The Oxford Ilustrated Histiory of the Vikings. Oxford University Press, Oxford, 1997.
  • SOMERVILLE, Angus A. The Viking Age. University of Toronto Press, Toronto, 2010.

Recursos web