Los reyes y los hombres de los reyes

En la anterior entrada del blog sobre la Sociedad Vikinga vimos la Organización de la sociedad sikinga según la mitología nórdica y hablamos de cómo el poema mitológico Rígsthula daba a los vikingos– y nos ayudaba a los historiadores a entender –las clases sociales que existieron durante la Era Vikinga (y probablemente antes de ésta). Sin embargo, en esta entrada lo que hice fue presentaros y contaros la historia que encierra este poema, sin entrar en detalles históricos. Pues bien, hoy es el día en el que le vamos a dedicar una entrada completa, histórica y rigurosa, a las clases sociales vikingas y, como podréis ver, no es todo tan “cuadrado” como nos lo presentaba el poema. Una vez más, el mundo de los vikingos se llena de complejidad aunque aquí intentaré que quede sintetizado y salgáis con una idea clara y concisa de lo que fue la sociedad vikinga.

Pirámide Social Era Vikinga
Pirámide Social Era Vikinga

El organigrama que os enseño es un esquema muy sintetizado de lo que fueron los escalafones sociales o la pirámide social durante la Era Vikinga. Como véis, ya no es exactamente igual a lo que el poema Rígsthula nos cuenta, se han introducido algunas clases más, y no sólo eso, lo cierto es que las clases sociales principales que vemos – karls, jarls, thraells – no fueron, ni mucho menos, clases sociales homogéneas. Hubo gradaciones y subdivisiones internas, y no fue lo mismo en un territorio que en otro dentro del mundo vikingo. Y para muestra un botón, y es que la clase más alta, los reyes, no estuvieron presentes en todas las sociedades ni en todos los momentos de la Era Vikinga. Y las figuras de los huscarles y los strallers –indesligables de las figuras de los jarls y los reyes– no estuvieron presentes tampoco en todas las sociedades, así como no fueron los únicos, hubo otros colectivos que se consideraron séquito, pero variaron según la zona y la época. No obstante, la pirámide que os muestro es el ejemplo más general a tener en cuenta.

Hoy toca hablar de los reyes y los hombres de los reyes. En la próxima entrada hablaremos de karls, jarls y thraells.

Los reyes en la sociedad vikinga

Antes de la Era Vikinga y al principio de ésta el poder en los territorios escandinavos no era un poder centralizado ni estaba excesivamente jerarquizado, no existían lo que hoy conocemos o lo que llamaríamos reyes, sino que existían multitud de jefes locales – caudillos o reyezuelos si queremos llamarlos así – que gobernaban en territorios de extensión más o menos limitada y que compartían el poder en áreas más amplias. Estos territorios se regían por asambleas de gobierno de las que hablaremos en próximas entradas, llamadas thing, en las que –por lo general– participaban todos los hombres libres del territorio de una forma que hoy podríamos llamar “más o menos democrática”. A medida que se fue produciendo el contacto con la Europa cristiana y avanzaba la Era Vikinga, se produjo también una progresiva centralización y feudalización del poder en la península escandinava. Se crearon reinos cada vez más extensos y más poderosos con reyes cada vez más fortalecidos y más “al estilo continental” como en el Imperio Franco o en la Inglaterra Anglosajona.

Antes de que apareciesen estos reyes más poderosos que irían unificando los territorios lo que hubo – por lo general y especialmente a inicios de la Era Vikinga – fue jarls o nobles, con cierto estatus de caudillo y de carácter electivo que gobernaban limitadas extensiones de territorio. En Noruega, por ejemplo, estos reyes gobernaban sobre el territorio de un fjell, un fiordo. Durante la primera mitad de la Era Vikinga, es decir, entre finales del siglo VIII y el primer tercio de siglo X no se puede – o no se debería – hablar más que de pequeños reyezuelos locales, líderes que gobernaban sobre territorios algo más amplios que los jarls o que gobernaban a varios jarls. Habrá que esperar al siglo X para poder encontrar y hablar de realezas cada vez más al estilo occidental, centralizadas y de estilo feudal.

Los reyes o reyezuelos que sí existieron, sobre todo aquellos anteriores a la cristianización de Escandinavia –momento en el que aparecieron ya las figuras de los reyes al estilo occidental– fueron sustancialmente distintos a lo que nosotros, con mentalidad cristiana y occidental, estamos acostumbrados a pensar. Para los vikingos el concepto de rey, en nórdico antiguo konungr y en plural konungar, era muy distinto del que tenían otros pueblos en el continente europeo. El concepto de rey sagrado, de rey majestuoso y rodeado de pompa y ceremonial, designado por la gracia de Dios como por ejemplo Carlomagno, les fue muy ajeno a los vikingos hasta la introducción del cristianismo y la centralización del poder en Escandinavia a partir del siglo XI. (Si queréis leer un par de anécdotas graciosas sobre lo que entendían por reyes los vikingos, pinchad aquíaquí también). No eran vistos como sagrados o como personas especiales, los reyes de los vikingos eran simples miembros de la comunidad, vistos y elegidos por ser hombres excepcionalmente capaces paras las funciones que debían llevar a cabo y que veremos más adelante. A algunos, probablemente emparentado por esa relación indisociable de los vikingos con el mar, se les llamó saekonnung que significa, literalmente, rey del mar.

La elección del rey

Los primeros reyes vikingos eran electos, es decir, llegaban al trono escogidos en las asambleas de gobierno ya que no existía en la sociedad vikinga todavía el concepto de monarquía hereditaria. La figura del monarca, además, era en muchos casos – como pasaba con los jarls – un cargo de duración determinada, bien porque sólo era electo durante un tiempo, bien porque se estimaba oportuno que, si no cumplía con sus obligaciones o no propiciaba lo que se esperaba, fuese depuesto del cargo. El rey, igual que el jarl, era escogido por los boendr, los hombres libres, de entre algunas de las familias más importantes a nivel económico y social, llamadas kyn, y, aunque no sabemos muy bien en qué basaban su elección, aunque las hipótesis apuntan a que escogían a hombres con un enorme –y demostrado– potencial bélico que, además, transmitiesen buena sintonía con los dioses. De entre los boendr se escogía el jarl y de entre los jarls el rey.

Fragmentos que quedan de la Piedra de Mora.
Fragmentos que quedan de la Piedra de Mora.

Según Snorri Sturlurson en Uppland, Uppsala, se realizaba el Múlating o Audiencia de Mora, una ceremonia en la que los reyes suecos eran elegidos por parte de la asamblea de gobierno. Estos reyes consumaban su elección mediante dos pasos o fases; la primera, subirse a la Piedra de Mora o Piedra de Sten, donde los súbditos lo aclamaban. Súbditos que, de no cumplir con lo esperado, serían los mismos que lo destituyesen del cargo, literalmente “echados de la piedra abajo”. La segunda fase era lo que se conoce con el nombre de eriksgata, que simbólicamente significaba algo así como “el recorrido de Erik o el recorrido del rey” y que se trataba de un viaje que debían realizar los recién electos reyes suecos por los distintos territorios del país para que cada asamblea los legitimase como nuevos reyes.

Las funciones del rey

Si hemos visto que el carácter regio, sagrado y majestuoso de los reyes no existía en el ideario vikingo, si hemos visto, además, que a los reyes vikingos no los escogía la gracia de Dios, sino que lo hacía la gracia del pueblo, ¿por qué se escogía a un rey? ¿Qué preceptos debía cumplir un hombre para ser considerado un candidato viable para ocupar el escalafón más alto de la pirámide social? Los vikingos, como sabemos, eran una sociedad tremendamente pragmática; los vikingos comerciaban, saqueaban y eran granjeros y, además, eran grandes seguidores de sus dioses. Es lógico suponer que aquellos hombres que quisiesen ocupar el puesto de honor en el escalafón social escandinavo fuesen hombres que pudieses garantizar el buen funcionamiento de todos estos aspectos.

Debían ser hombres competentes a nivel bélico, hombres que deberían haber probado sobradamente su valía en el campo de batalla y no sólo como líderes, sino como guerreros. Muchos reyes de otras sociedades no luchaban junto a sus hombres, se mantenían al margen de las batallas dando órdenes y organizando, sin embargo, parece ser que tanto los grandes líderes, esto es los grandes jarls, como los reyes vikingos habrían luchado con sus hombres, codo con codo. Eran quienes inspiraban valor al resto de la tropa, al resto de sus hombres, si ellos no lo hacían, ninguno de ellos tenía por qué hacerlo. Debía ser un gran guerrero, audaz y duro, pero también ejemplar e inspirador para el resto de sus hombres. Eran el ejemplo a seguir dentro del campo de batalla. Y debían serlo también fuera de él. De los reyes se esperaba que fuesen generosos, que proveyesen comida, bebida, ropa, regalos y armas a sus seguidores y a su comunidad. Debían ser buenos oradores, buenos líderes y dirigir con firmeza y entereza. Debían mantener y velar por su honor y, especialmente, por el de todos sus seguidores. A los reyes se les escogía para lo que los vikingos llamaban “til árs ok friðar”, esto es, para un año fecundo y para la paz, por lo que debían garantizar seguridad y prosperidad para todo su pueblo. Además, por lo general el rey era el que oficiaba todos los ritos de carácter público. Por último, un dato curioso que no podemos dejar de mencionar en relación a las funciones de los reyes vikingos es que hasta la llegada de la monarquía centralizada con el cristianismo, los reyes no poseían el poder legislativo, ya que éste lo poseía el Thing, la asamblea de gobierno. Aunque los reyes participaban en el Thing, y en la mayoría de los casos lo presidían, el poder legislativo estaba en manos de la asamblea.

Y, os preguntaréis, ¿y esos grandísimos reyes vikingos de los que nos habla la historia? Pues ni fueron tan reyes ni tan grandes. El hecho de que nos aparezcan reyes grandes – a veces de un poder inconmensurable – desde el minuto cero de la Era Vikinga se lo debemos, en gran medida, a las Sagas y otros escritos medievales en los que podemos leer y encontrar a esos monarcas grandiosos y excelentes que dominaban vastas extensiones de territorio con cetro regio y mano dura. Sin embargo, y una vez más, hemos de tener presentes que las Sagas se escribieron a partir del siglo XIII, casi 200 años después de “el último vikingo” y casi 500 después del “primero”. Las Sagas son verídicas en muchos aspectos, pero también son – o fueron – una forma de ensalzar y engrandecer ese pasado vikingo que se perdía, una forma de explicar la historia de los países vikingos que no siempre concuerda con la realidad que fue. Lo más probable es que la mayoría de esos soberanos de los primeros tiempos de la Era Vikinga que nos cuenta Saxo Gramatico, Snorri Suturluson o las Sagas fuesen en realidad, jarls o líderes de carácter más bien reducido que, por diversas cuestiones, estos cronistas y narradores medievales ensalzaron. Debemos tener muy presente el hecho de que, pese a que las Sagas sigan siendo a día de hoy una de las fuentes más valiosas de las que disponemos los historiadores, muchos de los personajes que aparecen en ellas son personajes semilegendarios y medio inventados que sirvieron para dar forma y uniformidad a la historia de los países vikingos. Por ello, muchos reyes de los que aparecen en las sagas jamás existieron o fueron figuras de una importancia mucho menor. Muchos hechos, como en el caso de los reyes de Noruega, ante el desconocimiento histórico real, se unificaron bajo el reinado de algunos reyes que no existieron o que – por cronología – es imposible que llevasen a cabo todo lo que las Sagas nos cuentan que hicieron.

Los hombres del rey: Huskarls y Strallers

Conforme fueron apareciendo figuras autoritarias más fuertes y más poderosas también fueron apareciendo eso que muchas veces llamamos séquitos u hombres que acompañaban a los reyes. Sin embargo, hemos de matizar que la mayoría de estos séquitos tienen unos orígenes sustancialmente más anglosajones que propiamente escandinavos y que lo que presentamos a continación es una muestra de los más habituales, pero no la totalidad de ellos. En otras entradas podremos analizar más pormenorizadamente estos séquitos reales y ampliar la lista.

Huskarls o Huscarles

El nombre derivaba de huskárl, literalmente significaba “hombres de la casa” y eran cuerpo de guerreros de élite cercanos al rey o al jarl, casi una especie de guardia personal encargada de la defensa del líder que también participaban en misiones diplomáticas o en tareas como la recaudación de impuestos.  Aparentemente eran armados y mantenidos por aquellos para los que trabajaban y en tiempos de paz, los huskarls llevaban a cabo tareas eminentemente administrativas.

Strallers

Literalmente significaba “mozo de cuadra real” y era una especie de alguacil. Se trata de un cargo principalmente documentado corte del rey danés Canuto el Grande en el siglo XI, pero en el territorio inglés, por lo que no sabemos si habrían sido un cargo de origen escandinavo o, por el contrario y según parece más probable, un cargo que se dio en la monarquía inglesa bajo el gobierno vikingo, adaptado, transformado o inspirado en algún cargo perteneciente a formas de gobierno foráneas – y algo más estructuradas y jerarquizadas – como lo eran la propia Inglaterra o el Imperio Franco.

Bibliografía

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  • http://www.medievalists.net/
  • http://www.hurstwic.org
  • http://sciencenordic.com
  • http://www.vikinganswerlady.com/
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