… la princesa vikinga que murió de pena en Sevilla

Etatua de Kristina de Noruega o Kristina Håkonsdatter   (http://fotomilk.com)
Estatua de Kristina de Noruega o Kristina Håkonsdatter (http://fotomilk.com)

Con este título tan pretencioso os he engañado un poco, pero seguro que he atraído vuestra atención, ¿verdad? No obstante, vamos a matizarlo. Kristina era noruega pero siendo históricamente correctos ella ya no era vikinga ya que su vida transcurrió a lo largo del siglo XIII, un par de siglos tras el final de la Era Vikinga. Y, además, Kristina era cristiana. Sin embargo, el resto del título – aparentemente – es cierto. Kristina era Noruega, del país de los fríos fiordos de Oslo y los Montes Kjolen, y murió en la calurosa Sevilla del siglo XIII, ciudad perteneciente a la Corona de Castilla, dicen que de pena y de añoranza.

Os voy a contar la historia de Kristina Håkonsdatter y os voy a contar el porqué de este artículo “escandinavo, pero no vikingo”, pero, primero, os invito a que escuchéis la canción que os voy a dejar a continuación y, sobre todo, a que leáis su letra.

Neønymus – El Lamento de Kristina Håkonsdatter

“Sobre la piedra caliente, frente a las brumas del mar,
ella pregunta a los vientos, preguntas que no dirán.
¿Qué me depara la vida? ¿Qué desventuras traerá?
Mi corazón sin heridas, tiene miedo de marchar.
¿Qué me depara la vida? ¿Qué desventuras traerá?
Mi corazón sin heridas, tiene miedo de marchar
Desde la popa del barco, su tierra se desvanece,
no hay en el mundo consuelo, para la hija del norte.
¿Qué me depara la vida? ¿Qué desventuras traerá?
Mi corazón sin heridas, tiene miedo de marchar.
¿Qué me depara la vida? ¿Qué desventuras traerá?
Mi corazón sin heridas, tiene miedo de marchar
El pacto ya se ha cumplido, alianza de dos reyes,
y una mujer de fiordos, en su destierro se muere.
¿Qué me deparó la vida? ¿Qué desventuras me trajo?
Mi corazón malherido, tiene miedo de marchar.”

Lo que acabáis de escuchar es una pieza que el singular y maravilloso músico  Neønymus o Silberius de Ura (por favor, si no conocéis su obra, os la recomiendo encarecidamente) le dedica a esta princesa de fiordos que pasó sus últimos años en España. Hace algún tiempo tuve el placer de escuchar en directo esta canción y cuando terminó Silberius de interpretar su tema pensé “ha llegado el momento de rescatar esta entrada del blog y dar a conocer la historia de Cristina a través de la música de Silverius”. Y aquí estamos.

Y os preguntaréis ¿qué hacía una princesa Noruega, de la fría Escandinavia, en la calurosa Sevilla del siglo XIII? Y eso es lo que os voy a contar en este artículo, vamos a hablar de cómo la alianza de dos reyes, la alianza de dos coronas florecientes y ávidas de poder y posición en Europa culminó con una historia y una leyenda tan tiste como ésta, el lamento de Kristina Håkonsdatter, haciendo mías las palabras de Neønymus.

¿Os apetece conocer la historia? Adentraos conmigo en ella.

Etatua de Kristina de Noruega o Kristina Håkonsdatter
Etatua de Kristina de Noruega o Kristina Håkonsdatter

Kristina Håkonsdatter, Kristín Hákonasdóttir en nórdico antiguo, fue una princesa noruega hija del rey de Noruega conocido como Haakon IV de Noruega y la reina consorte Margarita Skulesdatter. Nació en Bergen en el año 1234 y falleció en la ciudad de Sevilla en el año 1262 y no sólo fue princesa de Noruega, sino que por su matrimonio con el infante Felipe de Castilla se convirtió en infanta de Castilla. ¿Cómo una princesa noruega terminó en el siglo XIII siendo infanta de Castilla o qué motivos propiciaron la unión de estos dos reinos aparentemente tan dispares, lejanos y sin conexiones? No es una cuestión que esté zanjada historiográficamente al cien por cien, pero las fuentes nos dan una idea más o menos clara; la conveniencia de ambas coronas de sellar una alianza que les resultase beneficiosa en ambas direcciones. Y para entender el porqué de esta unión nos vamos a detener a explicar el contexto tanto noruego como castellano de la época

Noruega.

 

Haakon IV y su hijo, Magnus VI. Ilustración del Flateyjarbók.
Haakon IV y su hijo, Magnus VI. Ilustración del Flateyjarbók.

El periodo que abarca desde – más o menos – mitad del siglo XII a mitad del siglo XIII fue en Noruega un periodo que podríamos tachar de convulso, y es que entre los años 1130 y 1240 se produjo lo que se conoce como Borgerkrigstiden o Guerras Civiles Noruegas, un lapso de tiempo en el que sucedieron una serie de reyes rivales entre sí aspirantes todos al trono que comenzó a la muerte de Sigurd el Cruzado en el año 1130 y que contó con dos bandos rivales principales; los bagler y los birkebeiner.

Haakon IV de Noruega, Háakon Háakonarsson en nórdico antiguo, nació en el año 1204 y fue rey de Noruega entre los años 1217 – momento en el que sucedió a su padre en el trono, Háakon III de Noruega o Háakon Sverrisson, – y el año de su muerte, en 1263. Como podéis ver por las fechas, los inicios de su reinado (la primera mitad aproximadamente) se vieron inmersos en esta etapa de Guerras Civiles y de rebelión interna, manos de su suegro principalmente, sin embargo bajo su reinado también, y una vez derrocado éste, éstas llegaron a su fin. En el año 1240 se producía la unificación definitiva de la Noruega medieval y comenzaba la segunda mitad del reinado de Haakon, un periodo de paz, calma y prosperidad y crecimiento conocido como la Edad de Oro del Medievo Noruego. A partir de este momento el rey noruego ya no tenía que preocuparse tanto de lo que pasaba dentro de sus fronteras, un país ahora unido, unificado y homogéneo que gozaba de una sustancial tranquilidad, y pudo poner la mira fuera de sus fronteras.

Durante algo más de cien años Noruega había permanecido apartada del orbe internacional ya que se había mantenido ocupada en solucionar sus propios problemas internos y no había tenido ninguna – o casi ninguna – notoriedad en el orbe internacional cristiano (Europeo, se entiende, aún estamos en el siglo XIII). Durante esta etapa de prosperidad aumentó el tamaño de Noruega a través de una campaña militar contra Halland (Dinamarca) y la aceptación de Groenlandia e Islandia de pasar a estar bajo autoridad noruega. Se produjo una expedición contra Escocia por el control de las Islas Hébridas, que eran posesión noruega por aquél entonces – el reino de Suōreyjar, compuesto por las Hébridas exteriores e interiores, Kintre y la Isla de Man, bajo soberanía Noruega desde 1100 aproximadamente ya que sus jarls (líderes escandinavos) se convirtieron en vasallos del rey noruego –. Alejandro III de Escocia invadió las Hébridas y se produjo el consiguiente ataque noruego en la Batalla de Largs, el 2 de Octubre del año 1263 que se saldó con un resultado poco concluyente que a la larga resultó perjudicial para Noruega. Durante este periodo de prosperidad del reinado Haakon mantuvo embajadas y relaciones muy activas no sólo con los reinos escandinavos vecinos, sino con países como Túnez, Nóvgorod (actual Rusia) y la Corona de Castilla (actual España). Y es dentro de estas relaciones con la Corona de Castilla es en las que encontramos el matrimonio de su hija, Kristina, con el infante Felipe de Castilla, hermano de Alfonso X el Sabio. En el año 1247, además, el Papa Inocencio IV reconocía a Háakon como rey de Noruega y ésta pasaba a formar parte, definitivamente, del orbe cristiano.

¿Por qué le interesaba el matrimonio a Noruega? Como hemos dicho, Noruega iniciaba a mitad del reinado de Haakon IV un periodo de paz, prosperidad y crecimiento, y pasaba de ser un país recluido en sus disputas internas a ser un país dispuesto a abrirse al exterior. Al ser reconocido Haakon por el Papa, Noruega pasaba a estar dentro del orbe cristiano, pasaba a formar parte de los países inmersos en el universo cristiano y comenzaba a mantener relaciones con otros países de este mismo orbe. Y si había un ente dominante en esta Europa Cristiana era, sin duda alguna, el Sacro Imperio Romano Germánico y aquí es donde entra en juego el reino de Castilla ya que, como veremos a continuación, Alfonso X el Sabio, rey de Castilla, fue uno de los aspirantes al trono del Sacro Imperio por lo que una alianza con este reino podría introducir a Noruega en primera línea política.

Castilla y el Sacro Imperio Romano Germánico.

Durante la época que nos atañe Castilla estaba gobernada por el rey Alfonso X el Sabio, que vivió entre los años 1221 y 1284; hijo de Fernando III el Santo y de su primera esposa la reina Beatriz de Suabia, una noble alemana hija del Duque de Suabia, Rey de Romanos (de ahí vendrán las aspiraciones de Alfonso X para la corona imperial, como tendremos ocasión de comprobar). El reinado de Alfonso X el Sabio es muy conocido y destaca por su labor en muchos ámbitos, sin embargo, lo que aquí nos concierne es su carrera por conseguir el trono del Sacro Imperio Germánico, o lo que se conoce en historiografía como el Fecho del Imperio y que abarcó un largo lapso de su reinado.

Mapa de Europa en el siglo XIII. Si pincháis lo haréis mucho más grande y podréis ver tanto el Sacro Imperio como la Corona de Castilla.
Mapa de Europa en el siglo XIII. Si pincháis lo haréis mucho más grande y podréis ver tanto el Sacro Imperio como la Corona de Castilla.

Vamos a empezar por comentar algunas cosas brevemente sobre el Sacro Imperio para que comprendáis mejor el contexto. El nombre de Sacro Imperio Romano Germánico deriva de la pretensión de los monarcas medievales de dar continuidad al desaparecido Imperio Carolingio (de la dinastía carolingia entre los siglos VIII y IX, gobernante en la Europa Occidental y derivada a su vez del Imperio Franco) como continuidad en sí misma del a su vez desaparecido Imperio Romano de Occidente. El Imperio Carolingio habría revivido en la figura de Carlomagno el concepto de Emperador Romano de Occidente en relación, precisamente, a ese intento de restauración del Imperio Romano de Occidente.

No obstante y aunque le llamemos así, el concepto “Sacro” no aparece hasta el año 1157 con Federico Barbarroja, como forma de legitimar el Imperio como una voluntad divina o por la “gracia de Dios” en el sentido Cristiano. Así, la nomenclatura derivó de la manera siguiente:

  • 1157: Sacrum Imperium.
  • 1184: Sacrum Romanum Imperium (aunque no se usa de facto hasta el año 1254)
  • Siglo XV: Se añade el complemento “Germánico” como Nationis Germanicae.

¿Cómo se formó el Sacro Imperio Romano Germánico? Oficialmente en el año 962, bajo la dinastía sajona u otoniana, una familia nobiliaria germana existente entre los siglos IX y XI, por lo que se considera a Otón I (962-973) como el primer emperador de facto, aunque anteriormente desde Carlomagno ya se les consideraba como tal. Esta dinastía otoniana derivaba de la Antigua Francia Orienal (Francia Orientalis o Reino de los Francos Orientales, existente entre el año 840 y el 962), una de las tres partes en las que se dividió el Imperio Carolingio tras la muerte de Luís el Piadoso. Así, el Sacro Imperio Romano Germánico se convertía desde el siglo X en la entidad política predominante de la Europa Central u Occidental hasta su disolución en el año 1806.

¿Por qué Alfonso X podía aspirar al trono? Debido al carácter electivo del propio emperador, no necesariamente sucesorio o hereditario aunque sí veremos que los lazos de sangre jugaban un papel importante. El Emperador era un monarca electo y coronado, siendo el primero Carlomagno, coronado el día de Navidad del año 800 por el Papa León III y siendo el último Francisco II, quien abdicó en el año 1806 y disolvió el Imperio debido a las presiones de Emperador de Francia, Napoleón I. La coronación de Carlomagno por parte de la iglesia no creaba en sí misma ni un nuevo imperio ni un nuevo estado, pero sí otorgaba al rey de los francos la posición preeminente de defensor de la iglesia y conminaba a la representación militar de ésta. La creación del territorio imperial se produjo con la asociación del título imperial en sí y los reinos de Alemania, Italia y Borgoña. En el año 962 el papa Juan XII y el rey Otón I signaban lo que se conoce como Diploma Ottonianium, que confirmaba las donaciones de Pipino (año 756), Carlomagno (año 774) la Constitutio Romana (año 824) y la vinculación del Imperio Carolingio y el Germánico. ¿Y cómo se escogía un Emperador? A grandes rasgos, desde el año 816 (con la segunda coronación de Luís) y el año 823 (con la segunda coronación de Lotario) se convertía en imprescindible el hecho de ser coronado por el Papa de turno, ya que si esto no sucedía no se era Emperador, sino Rex Romanos, Rey de Romanos. A partir del siglo XIV se produce un intento de fijar la elección sin la intervención papal; en la Bula de Oro del año 1356 se explicita el proceso detallado de elección de Rey de Romanos, con Carlos I de Bohemia y IV de Alemania.

Dicho esto, ya nos podemos centrar en las pretensiones de Alfonso X el Sabio.

Alfonso X en una miniatura medieval del Libro de los juegos
Alfonso X en una miniatura medieval
del Libro de los juegos

Alfonso X el Sabio se convirtió aspirante al trono del Sacro Imperio Romano Germánico por ser hijo de Beatriz de Suabia y no sólo gastó en ello gran cantidad de tiempo, sino de dinero y de gestiones, entre ellas, la alianza matrimonial con Kristina de Noruega. Los veinte años que dedicó Alfonso al trono imperial, como hemos mencionado anteriormente, se conocen en los textos castellano-leoneses como Fecho del Imperio y transcurren entre el año 1256 – momento en el que acude a Soria una embajada procedente de Pisa para proponer a Alfonso presentar su candidatura al trono – y el año 1275 – momento en el que se produce la renuncia al trono por parte de Alfonso ante el Papa Gregorio X –.

A la muerte del Emperador Francisco II de Hohenstaufen, en el año 1250, se produjo un periodo de incertidumbre ya que ninguna de las coronas susceptibles de presentar un candidato a la elección fue capaz de hacerlo. Este lapso de tiempo se conoce como Interregnum y abarca entre la muerte del mencionado Federico II en el año 1250 hasta la coronación de Rodolfo I en el año 1273. Los protagonistas den un primer momento fueron, de una parte el hijo de Federico II, Conrado IV y, de la otra, Guillermo de Holanda, que contaba con el importantísimo apoyo pontificio. Casualidades de la historia, Conrado fallecía en el año 1254 y Guillermo dos años después, en el año 1256, por lo que la disputa por el trono seguía en pie, entre güelfos y gibelinos; dos facciones que desde el siglo XII apoyaron en el Sacro Imperio Romano Germánico, respectivamente, a la casa de Baviera (los Welfen, pronunciado Güelfen, y de ahí la palabra «güelfo») y a la casa de los Hohenstaufen de Suabia, señores del castillo de Waiblingen (y de ahí la palabra «gibelino»). La lucha entre ambas facciones tuvo lugar también en Italia desde la segunda mitad del siglo. Su contexto histórico era el conflicto secular entre el Pontificado, que pasaría a estar apoyado por los güelfos, y el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, apoyado por los gibelinos, esto es, los dos poderes universales que se disputaban el Dominium mundi.

Los güelfos escogieron a Ricardo de Cornualles y lo entronaron Rey de Romanos en enero del año 1257 en Aquisgrán. Los gibelinos escogieron a Alfonso X el Sabio en abril del año 1257. Ene se mismo año llegaba una embajada procedente de Pisa a la corte de Alfonso X el Sabio para proponerle a éste presentar su candidatura al trono, cometido que aceptó, al parecer, sin demasiada dilación. Las consecuencias serían varias y variadas, como por ejemplo el inicio del apoyo militar a Pisa contra los güelfos, sus rivales, y el envío de tropas, el otorgamiento de privilegios a mercaderes pisanos en la corte, o el intento de Alfonso X de una “idea imperial hispánica” que pasaría por unir los distintos reinos de la península, que no tuvo ningún éxito debido a la negativa en rotundo de algunos de éstos. Otra de las consecuencias de esta decisión sería la necesidad de Alfonso de recabar apoyos para su causa, y es aquí donde debemos insertar las negociaciones para una alianza matrimonial con Noruega.

Ante este panorama, los siete electores (cuatro laicos; el Rey de Bohemia, el Conde-Palatino del Rin, el Duque de Sajona y el Margrave de Brandeburgo, y tres eclesiásticos; el Arzobispo de Colonia, el de Maguncia y el de Treveris) emitieron dos elecciones; la primera en enero del año 1257, escogiendo a Ricardo de Cornualles, y la segunda en abril del mismo año, escogiendo a Alfonso X el Sabio. A raíz de este hecho. Alfonso X manifestó su intención de trasladarse a vivir a tierras germánicas, siguiendo el consejo que – según él – le habían dado los reyes de Francia, Hungría, la Corona de Aragón, Portugal y Navarra. Sin embargo, Alfonso no llegaría a recibir jamás a recibir el apoyo pontificio a su candidatura y, por ende, Alfonso no sería coronado jamás Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. No obstante, llegó a creerse tan Emperador que hasta 1273 – año en el que renunció definitivamente al trono – firmaba como tal e intentó actuar como tal dentro del territorio hispánico lo que le valió, como comentábamos, el enfrentamiento con los monarcas de otros reinos hispánicos como Jaime I, de la Corona de Aragón.

La carrera por el trono imperial de Alfonso X el Sabio fue todo un fracaso, no así otros aspectos de su reinado, ampliamente valorados y destacados que sentaron precedente, como su obra literaria, científica, histórica, jurídica y política.

La alianza matrimonial.

En el año 1255 el rey Haakon enviaba una delegación a Castilla y colmaba de regalos – como halcones, pieles y cuero – a la Corte castellana. Los enviados noruegos fueron muy bien recibidos en la Corte y permanecieron en ella alrededor de un año. Un año después regresaron a Noruega y no lo hicieron solos, Alfonso X enviaba una embajada al frente de la cual, como representante, se encontraba Sira Ferrant – notario real y consejero de Alfonso que había estudiado en la Universidad de la Sorbona en París – para que utilizase sus influencias con Pedro de Mar, consejero real del monarca noruego. Esta comitiva tenía el propósito de proponer a rey noruego desposar a su hija con uno de los hermanos del rey Alfonso X. Haakon lo consultó con el arzobispo y accedieron a ello ya que, como hemos visto al hablar de los contextos históricos, ésta era una oportunidad que interesaba a las dos coronas; Noruega buscaba presencia y expansión y Castilla aliados en su carrera al trono del Imperio.

En el verano del año 1257 un séquito de más de cien personas zarpaba desde la fría Noruega hacia el reino castellano con el propósito de llevar a cabo el matrimonio entre Kristina y el infante Felipe de Castilla, hermano de Alfonso X el Sabio. Sin embargo, Kristina no sólo no conocía al novio, sino que en un primer momento ni siquiera sabía con quién iba a casarse. Kristina partió con el extenso séquito que mencionábamos – a la cabeza del cual se hallaba el embajador noruego Leōinn Leppur, un importante miembro del hird del rey de Noruega –, y desde Tönsberg (Noruega) iniciaron el viaje por mar hasta Inglaterra, a Yarmouth, cruzando el Mar del Norte y cruzando el Canal de la Mancha hasta Normandía. Se escogió esta ruta debido a los rumores de presencia de piratas en el Golfo de Vizcaya y por ello prosiguieron el viaje a caballo atravesando Francia, entrando a la Península Ibérica por el Condado de Barcelona. En la Ciudad Condal la comitiva noruega fue recibida por el propio rey Jaime I el Conquistador y su segunda esposa, Violante de Hungría, cuya hija, Violante de Aragón, era la esposa de Alfonso X el Sabio, esto es, Alfonso X era el yerno de Jaime I. De este encuentro se dice que Jaime I quedó tan prendado de la belleza nórdica de Kristina que le llegó a pedir matrimonio, no obstante, no podemos contrastar la veracidad de los hechos y alejarlo de la leyenda.

Pasaron la Nochebuena del año 1257 en Burgos, en el Monasterio de Santa María Real de las Huelgas, un monasterio cisterciense de la orden de San Bernardo fundado en el año 1189 por Alfonso VIII de Castilla. Siguieron hasta Soria y Palencia, donde la comitiva fue recibida por Alfonso X el Sabio, quien les acompañó hasta Valladolid, lugar al que llegaron el 3 de Enero del año 1258 y donde fueron recibidos efusivamente. Durante un tiempo circuló la teoría de que Kristina realmente llegaba a Castilla para casarse con Alfonso X, que por aquel entonces como acabamos de mentar estaba casado con Violante de Aragón, ya que ésta no podía darle hijos y el rey quería ante todo descrecencia, pero que, casualmente, a la llegada de Kristina su esposa ya estaba encina y, por ello, decidió casarla con alguno de sus hermanos. No obstante, es una teoría que hoy en día no tiene apoyos históricos ya que sabemos que por entonces Violante ya había sido madre y, tal vez, se deba a las malas lenguas de algún cronista que sentía poco aprecio por el rey o algún tipo de campaña de desprestigio.

En Valladolid Kristina conoció a sus posibles futuros maridos, ya que debía escoger entre dos hermanos de Alfonso X, escogiendo al más joven de ellos, Felipe (aparentemente porque el otro pretendiente, el que a priori iba a ser el elegido – el Infante Fadrique – tenía una cicatriz en la cara que lo afeaba, o eso nos dicen las crónicas). La boda se celebró en 31 de Marzo del año 1258 en la Colegiata de Santa María de Valladolid y tras la ceremonia la pareja se trasladó a vivir a Sevilla, donde residía el Infante Felipe. ¿Y quién era Felipe? Felipe de Castilla vivió entre los años 1231 y 1274 y era hijo de Fernando III de Castilla, conocido como el Santo, rey de Castilla (1217-1252) y de León (1230-1252), y de su primera esposa la reina Beatriz de Suabia, una noble alemana hija del Duque de Suabia, Rey de Romanos. A su vez, como ya sabemos, Felipe era uno de los hermanos de Alfonso X el Sabio. Antes de casarse con Kristina fue arzobispo electo de Sevilla y abad de la Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias, carrera que abandonó con el beneplácito de Alfonso X para contraer matrimonio, aunque al principio se opuso a ello. no onstante, las teorías que nos hablan de la oposición de Alfonso X al matrimonio no cuadran con las teorías que abogan por el hecho de que fue él el que hostigó el mismo.

Lamentablemente, la historia termina aquí, ya que Kristina moría muy poco tiempo después, en el año 1262, sin descendencia, y las hipótesis sobre su muerte son variadas. Las teorías más románticas apuntan a que Kristina murió de pena y melancolía, de añoranza al estar tan lejos de casa, sola y en un lugar tan distinto a su hogar. Otras teorías apuntan a una infección fatal de oídos ya que al hallar el cuerpo de la princesa se encontró al lado del oído, escrito en noruego antiguo, un pergamino con un remedio casero para el mal de oído que, curiosamente, hoy en día aún es un remedio que se conoce en la zona, sobre todo entre las mujeres de edad, llamado “xugo de ajo”. La última hipótesis apunta a que Kristina murió envenenada, aunque no existen pruebas fehacientes de ello. ¿Quién habría querido envenenar a Kristina? Se dice que tal vez la mujer de Alfonso X el Sabio, Violante de Aragón, debido a lo mencionado líneas atrás respecto a que Alfonso habría querido casarse con la princesa noruega deshaciéndose de su mujer que no le daba hijos. Sin embargo, de momento y como decimos, son especulaciones sin base histórica demostrable.

El legado de Kristina en España.

Sepulcro de Kristina Håkonsdatter y placa conmemorativa en Covarrubias.
Sepulcro de Kristina Håkonsdatter y placa conmemorativa en Covarrubias.

Kristina fue enterrada, por orden de su esposo el Infante Felipe – quien había sido hasta los 21 años abad de la Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias, en Burgos –, en esta localidad burgalesa, en un sepulcro gótico de piedra labrada. Tras su muerte, Kristina quedó prácticamente olvidada en la historia de nuestro país. ¿Por qué nadie se acordó de ella hasta el siglo XX? Algunas teorías apuntan a que su recuerdo pasó sin pena ni gloria porque Alfonso X mandó enterrarla lejos y escondida, apenas si una tumba un poco más sobresaliente que el resto aunque su condición era la de una princesa y una infanta, con el propósito de con su inadvertencia olvidar también su fracaso en la carrera hacia la corona del Sacro Imperio Romano Germánico ya que su desengaño se veía reflejado en la figura de Kristina; una unión de dos monarquías que – a la postre – no le aportó al monarca castellano gran cosa. También podría ser que el lugar de entierro se debiese por ser éste un lugar de especial importancia para el Infante Felipe de Castilla, que – según sabemos – profesaba gran cariño y amor a su esposa, pese a ser un matrimonio de conveniencia, tan típico en la época.

Y, así y sea como fuere, Kristina quedó olvidada en las páginas de nuestra historia hasta mediados del siglo XX. Entre los años 1952 y 1958 se llevaron a cabo obras de restauración y acondicionamiento en la Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias y se encontraron varios sarcófagos cuyo contenido se desconocía. El hallazgo en uno de ellos fue sorprendente una vez abierto; un cuerpo femenino joven prácticamente momificado de aproximadamente 1,72 metros de estatura, de cráneo pequeño, cabello rubio y uñas rosadas. El cuerpo iba ataviado con ricos ropajes, con bordados en oro y piedras preciosas, además de joyas de alto estatus. Junto al cuerpo se encontraba un pergamino con versos de amor y una receta para tratar el mal de oído. Los análisis de las telas corroboraron que se trataba de tejidos del siglo XIII y la altura del cuerpo daba a entender que no era de procedencia española, ya que más de un metro setenta era una estatura muy poco probable en las mujeres españolas del siglo XIII. Los análisis realizados por la Academia Fernán González – que estudiaban los sepulcros de la Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias – llevados a cabo por arqueólogos e historiadores como Manuel Ayala o Jose Luís Monteverde concluyeron que se trataba de los restos de la princesa Kristina de Noruega, Infanta de Castilla.

El 13 de Mayo del año 1958 – coincidiendo con el 700 aniversario del matrimonio de Kristina y Felipe – se restauró el sepulcro y se instaló una placa conmemorativa sobre éste a modo de homenaje. En el año 1978 se llevaba a cabo un nuevo homenaje, ésta vez se colocaba frente a la portada de la iglesia una estatua de bronce de la princesa, con una estatua gemela colocada en Tönsberg, Noruega. Comenzaban así unas estrechas relaciones entre la embajada de Noruega y la localidad de Covarrubias que culminaban con el establecimiento de la Fundación Princesa Kristina de Noruega en el año 1992, cuyo objetivo era la construcción de una capilla en la localidad burgalesa en honor a San Olaf, el patrón de Noruega. ¿Por qué Covarrubias quería una capilla para un santo noruego? Pues porque, al parecer, Kristina sufría tanta añoranza de su tierra que su esposo Felipe, que la amaba mucho – de ahí los versos de amor hallados junto al cadáver – le prometió que le construiría una capilla donde pudiese rezar a su patrón y acordarse de su tierra, pero Kristina falleció tan pronto que no pudo ver sus deseos cumplidos. La capilla se inauguró el 18 de Septiembre del 2011 cerca de Covarrubias y acogió a un gran número de curiosos, así como miembros de la embajada noruega.

De este hermanamiento de localidades ha nacido un festival tan poco conocido como interesante, un festival de música noruega que tiene lugar todos los años, junto con un mercadillo de productos típicos noruegos, llamado “Notas de Noruega”.

Fuentes históricas para conocer la figura de Kristina Håkonsdatter.

Además de los manuales y libros de historia que hablen per se de la historia de Castilla y de Noruega en la época que nos atañe, es interesante mencionar otra fuente, la Hákonar saga Hákonarsonar o Saga de Haakon Haakonarson, escrita hacia el año 1265 por orden del hijo de Haakon IV, Magnus Håkonsson el Legislador o Magnus VI. Está considera o encasillada dentro del género de las Sagas Reales o las Sagas de Reyes, llamadas konunhasögur en nórdico antiguo y que, básicamente y como su nombre indica, lo que hacen es narrarnos historias de monarcas escandinavos, mayormente noruegos, entre los siglos XII y XIV. Haakon, como hemos visto, murió en el año 1263 y le sucedió en el trono su hijo Magnus, quien mandó al historiador y noble islandés Sturla Þórðarson, sobrino de Snorri Sturluson – el autor de la Edda menor o Edda prosaica – que escribiese una Saga sobre el reinado de su padre desde su llegada al poder en el año 1217 hasta su muerte en 1263. Sturla fue un hombre muy importante en su época; caudillo, escaldo – los poetas escandinavos –, historiador, goōi – líder religioso, político y social de una comunidad islandesa –, y lagman o lögsögumaðr – hombre de leyes o letrado, presidente del Althing o parlamento islandés. Además, luchó en Islandia durante la Guerra Civil de la Mancomunidad Islandesa, un periodo de unos 42-44 años que se conoce con el nombre de Sturlungaöld o Era de los Sturlung. Pese a ser islandés, Noruega e Islandia mantenían importantes relaciones en el siglo XIII y por ello Sturla se encontraba en la corte de Magnus VI desde el año 1260 (año en el que aún reinaba Haakon IV).

Bibliografía.

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  • VALDEÓN BARUQUE, JULIO. Alfonso X el Sabio. La forja de la España Moderna. Ed. Temas de Hoy, Madrid, 2003.
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Noticias de prensa.

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