El mundo pagano —al que pertenecen los vikingos (entre el 800 y el 1050 d.C. aprox.)— fue un mundo plagado de simbolismo y, dentro de éste, la sexualidad jugó un importantísimo papel. El sexo, para los paganos, no era una cuestión tabú, no era una cuestión pudorosa, que debiese esconderse o que estuviese, como se dice vulgarmente, mal vista. Esa concepción llegó después, con la arribada y el asentamiento del cristianismo, que sustituyó las creencias paganas por las propias y, entre otras muchas cosas, todo lo que giraba en torno a la sexualidad cambió radicalmente.

De modo que, si echamos la vista atrás, encontraremos muy fácilmente ejemplos de símbolos sexuales paganos; como, por ejemplo, el dios griego Príapo, dios menor de la fertilidad, fertilidad que englobaba la vegetación, los animales y los humanos, siendo un personaje puramente fálico, ya que se le representaba con un pene de tamaño descomunal en erección.

Fresco de Príapo pesando su miembro en una balanza contra la ganancia obtenida de sus campos (casa de los Vettii, Pompeya).
Fresco de Príapo pesando su miembro en una balanza contra la ganancia obtenida de sus campos (casa de los Vettii, Pompeya).

Otro ejemplo sería el fascinus o fascinum, que en la mitología y cultura de la roma pagana no era si no otra cosa que la personificación del falo divino; la sagrada imagen del falo, uno de los símbolos de seguridad del Estado. Bajo este nombre encontrábamos no sólo al dios Fascinus, sino a todo tipo de efigies, representaciones e, incluso, amuletos cuyo cometido era, principalmente, el de la protección.

Fascinus de Pompeya.
Fascinus de Pompeya.

¿Por qué era importante la sexualidad en el mundo pagano? Pues por razones obvias que vamos a explicar someramente en el caso concreto del pueblo vikingo. Los hombres del norte eran eso, del norte. Noruega, Suecia o Dinamarca (posteriormente Islandia o el resto de sus colonas) eran lugares fríos, donde la vida era dura y le costaba abrirse camino, los inviernos eran lagos y las tierras, por lo general, malas (no en vano una de las teorías tradicionales – hoy muy cuestionable o matizable – sobre la diáspora vikinga recae en la necesidad de buscar mejores tierras en las que vivir y en las que cultivar). No es de extrañar, pues, que en estas circunstancias todo lo relacionado con la sexualidad en su máximo esplendor, es decir, relacionado con la fertilidad, fuese de suma importancia y, como veíamos en el dios Príapo, no sólo la fertilidad humana, sino igual de importante era la fertilidad de la vegetación o de los animales. Por ello, los dioses vikingos dedicados a la fertilidad eran deidades ambiguas, deidades del amor y la fecundidad, a las que se rogaba por un buen matrimonio con hijos, por una buena cosecha de verano o por un ganado abundante, indistintamente.

Figurilla de Freyr de época vikinga. Observamos que se le representa con un gran falo.
Figurilla de Freyr de época vikinga. Observamos que se le representa con un gran falo.

Y el dios principal que encarnaba de forma indiscutible el simbolismo sexual en el panteón pagano de los vikingos no era otro que el dios Freyr; hijo de Njörðr y hermano gemelo de la famosísima diosa Freyja a la vez que su esposo (aunque como la endogamia entre los dioses Æsir no estaba bien vista terminó optando posteriormente por casarse con la giganta Gerd). Era un dios de la fertilidad y de las cosechas, de la lluvia y del sol naciente, así como señor de la vegetación. Y, como los dioses importantes, Freyr poseía objetos mágicos, como una espada que se movía y luchaba sola; el barco Skíðblaðnir, que podía viajar tanto por mar como por tierra; animales excepcionales como el jabalí de oro Gullinbursti o un caballo que sabía ignorar todos los obstáculos posibles. Y un enorme falo, también poseía un enorme falo.

Una de las más importantes —y escasas— descripciones de este dios y su elemento fálico/sexual se la debemos a Adam de Bremen, un cronista cristiano del siglo XI que dejó por escrito numerosas impresiones del pueblo vikingo (recogidas en su obra Gesta Hammaburgensis ecclesiae pontificum) ya que, recordemos, los hombres del norte eran una sociedad prácticamente ágrafa que, salvo contadas inscripciones rúnicas, no nos dejaron nada por escrito de su puño y letra. Casi todo lo que tenemos sobre ellos se lo debemos a terceros y a la arqueología.

Esta descripción que hace Adam de Bremen del dios Freyr se enmarca dentro de la propia descripción que realiza del Templo de Uppsala, un templo vikingo que se encontraba en Gamla Uppsala (Suecia) donde parece ser que se celebraba cada nueve años lo que se conocía como Dísablót, un gran festival que duraban nueve días y en el que se sacrificaban en honor a los dioses nueve machos de cada especie, incluida la humana, y al que peregrinaban los vikingos desde todos los puntos de su geografía. Adam de Bremen, quién nos relata que los ídolos de los dioses se encuentran dentro del Templo, quedó fascinado con este lugar y con la forma de adoración que tenían los vikingos para con sus dioses, probablemente porque se trataba de un cristiano observando a una sociedad pagana que se codeaba de tú a tú con el resto de sociedades cristianas de la época. Y es que los vikingos, ciertamente, parece que vivían en otro mundo ajeno al resto de la Europa Cristiana (y, probablemente por ello, terminaron convirtiéndose al cristianismo).

Ídolo en madera del dios Freyr.
Ídolo en madera del dios Freyr.

Veamos lo que nos dejó escrito Adam de Bremen sobre Freyr y su falo.

«Thor es el más poderoso de los dioses y gobierna sobre el trueno y el relámpago, el viento y la lluvia, la luz del sol y las cosechas. Se sienta en el centro con un cetro (Mjölnir) en su mano, y a su lado están Odín, el dios de la guerra, con su armadura completa y Frey, el dios de la paz y el amor, caracterizado con un gran falo. Todos los dioses paganos tienen sus sacerdotes quienes les ofrecen los sacrificios de la gente. Si hay enfermedades o hambruna, se hacen sacrificios a Thor, si hay guerra a Odín y si hay matrimonios a Frey. Cada noveno año hay un blót de nueve días, una fiesta común para todos en Suecia. Luego sacrifican nueve machos de cada especie, incluso hombres, y sus cuerpos son colgados de las ramas de una arboleda cerca del templo. Nadie está eximido de este blót y todos envían regalos al santuario, incluso los reyes. Aquellos que son cristianos deben pagar una multa para no participar del blót.»

Para finalizar, debemos decir que incluso dentro de las celebraciones propias de los vikingos, los blóts o sacrificios, había espacio para la sexualidad y para los elementos fálicos, tan relacionados no sólo con la sexualidad humana, sino con la propia fertilidad de la naturaleza. Por ejemplo, durante el otoño se llevaba a cabo el völsiblót , otra celebración para la fertilidad —ya que había viarias—, de la que poco sabemos, salvo que en ésta tenía importancia el Völsi, el pene o símbolo fálico de un semental que se obtenía del sacrificio.

Representaciones modernas en madera del dios Freyr.
Representaciones modernas en madera del dios Freyr.

Este artículo ha sido publicado en la web Historia 2.0 como un apartado del artículo colaborativo “Algunos Símbolos Sexuales a lo largo de la Historia y las Culturas como tributo a San Valentín” que podéis consultar pinchando aquí y en el que encontraréis interesantísima información sobre el mundo sexual en otras culturas. No os lo perdáis.

Bibliografía

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