Ésta es, sin duda, una pregunta de esas que te hacen pararte a pensar. ¿Y por qué os la lanzo? Pues porque mientras desayunaba he leído el siguiente titular “Un equipo de filólogos concluye que el nombre de Vigo tiene origen vikingo, seguido de “Una larga investigación sobre los topónimos de Galicia vincula la palabra nórdica wig, con la bahía viguesa” y, claro, click que te va que he tenido que entrar a leerlo, sé que me entendéis.

El artículo en cuestión se encuentra en la web de Atlántico y podéis leerlo completo pinchando aquí, aunque os lo voy a copiar tal cual a continuación.

“¿Y si Vigo nunca hubiera sido Vicus? ¿Si ni siquiera el nombre de la ciudad fuera de origen latino, sino mucho más lejano, nacido en Escandinavia y transportado hasta la medieval Galicia por hombres venidos de las islas británicas, que trajeron consigo palabras tomadas de los vikingos, entre ellas una para denominar a las bahías: “wig” o en gaélico “uíg”? Esa es la hipótesis firme, basada en datos contundentes y un trabajo de diez años del equipo de filólogos y traductores dirigido por Martín Fernández Maceiras en el llamado Proyecto Gaelaico, que busca descubrir algo más en el pasado de Galicia a través de una reinterpretación de los topónimos desde una nueva perspectiva. Historiadores, lingüistas y etnógrafos trabajan con asesoramiento de investigadores escoceses, irlandeses y norteamericanos, entre ellos James J. Durant (Seàmas Ó Direáin),doctor en Linguística por la Universidad de Stanford, un estadounidense de origen irlandés considerado la máxima autoridad actual en la materia.
El punto de partida de los miembros del Proyecto Gaelaico  es el estudio del mundo celta gael, y su idioma, el gaélico, hablado en Irlanda y Escocia, para efectuar estudios comparativos con el gallego, tanto en las palabras del lenguaje común como en los topónimos que identifican los lugares.

Entre ellos, de forma destacada Vigo, con una de las bahías más bonitas de Galicia: la etimología más ampliamente extendida para el topónimo señala el término latino Vicus, que significa asentamiento civil, aldea, y se repite en el interior de Galicia. Por tanto, la palabra latina Vicus parece ser una opción razonable para cualquier etimólogo.  No obstante, decidieron hacer una comparativa de los topónimos gallegos “Vigo”, “Veigue” y “O Vicedo” con algunos gaélicos, tanto de Irlanda como de Escocia, con la intención de demostrar que hay otras propuestas etimológica razonables. El más llamativo sería O Vicedo, una bahía al norte de Lugo, muy similar al pueblo escocés llamado “Uig”, en gaélico, una hermosa rada. “En realidad, sería difícil encontrar una definición mejor para la palabra “bahía”, explican. La propuesta etimológica para el topónimo gaélico deriva del nórdico antiguo “vak”, que significa “ensenada”. Ese fue originalmente el mismo topónimo que “Wick”, en las Highlands escocesas, y que “Vik”,  en Noruega. “Debemos tener en cuenta que los contactos nórdicos con Escocia son del siglo VII”. ¿Y el topónimo gallego “O Vicedo?. “La única propuesta etimológica dice que derivaría del término latino “vitiates”, que se podría traducir como “donde abunda la vicia”, un tipo de legumbre. El caso es que aunque la presencia vikinga en España fue escasa, hubo ataques normandos desde el año 840 hasta finales del siglo X. Aunque su estancia no dejó mucha huella en la península, ya que se trataba de un pueblo conquistador en constante movimiento, en O Vicedo se halla el único lugar de España con restos de un asentamiento vikingo”. Y allí, en O Vicedo, hay una bahía singular. Como en Vigo, cuyo nombre resulta similar, como el paisaje. ¿Casualidad?

En Vigo,  el grupo destaca la existencia de importantes restos romanos. De hecho Lugo y Vigo son las dos ciudades gallegas en las que más se hallaron. Claro que eso no significa necesariamente que el topónimo gallego Vigo tenga que derivar de la palabra latina “vicus”, dado que en la zona vivieron diferentes pueblos antes y después de los romanos. Según el arqueólogo e investigador do CSIC Manuel Santos, la denominación originaria de Vigo no sería Vicus Spacorum sino Burbida, importante ciudad romana localizada en el recorrido de la Vía XIX (Bracara Augusta – Asturica Augusta) del Itinerario de Antonino. “Teniendo esto en cuenta, así como que la bahía es la característica más relevante de la zona,  nuestra propuesta etimológica es  que “Vigo” simplemente es otra adaptación de la palabra gaélica “Uig”, tomada a su vez como “préstamo” del nórdico antiguo, con el  significado de “bahía”. Pensamos que la adaptación  correcta sería: (gaélico) Uig a  Vigo (gallego).”

Yo no soy filóloga, por lo que a mí estas lides tan precisas se me quedan grandes. Soy historiadora y, como tal y desde el punto de vista de tal, os voy a copiar aquí parte de un artículo que subí a este blog hace un tiempo “Lo complicado de las definiciones. Qué o Quién fue un vikingo” y que podéis encontrar también algo más extenso en mi libro “Quiénes fueron realmente los vikingos. Un estudio sobre la historia y cultura del pueblo escandinavo entre los siglos VIII y XI” Os lo copio ya que viene muy a cuento de lo que dice el artículo que os he enlazado, ya que lo que podéis leer en él es el posible origen – o posibles orígenes – de la palabra víkingr, vikingo, y veréis que relación sí guarda con la hipótesis que plantea el artículo. Ya os digo que mi intención no es ratificarla ni refutarla, es daros un poquito más de información.

Para empezar, la propia etimología de la palabra VÍKINGR (vikingo) ya suscita ciertas dudas y distintas hipótesis. La más aceptada y la que más eruditos han abrazado es la que proviene de algunos textos rúnicos que se han conservado y que contienen la expresión fara í víkingr, que se ha traducido por “ir de expedición”. Esta acepción, que en un principio venía a referirse a la expedición en el sentido comercial, acabaría por tener connotaciones bélicas o piratiles.  Sin embargo, la palabra víkingr no aparecerá en textos escritos hasta el siglo XII, acabada ya la Era Vikinga, y lo hará en escritura latina. Las hipótesis a su vez de la procedencia de víkingr son poco esclarecedoras, algunos apuntan la forma de llamar a los marinos procedente del distrito de Vík, cerca de Oslo, Noruega, que pasaría más adelante a designar a cualquier marinero guerrero de esta zona y, más tarde, a cualquier marinero guerrero de cualquier punto de Escandinavia. Otros apuntan a que vík realmente significaría, en normánico o nórdico antiguo, algo así como “bandido” o “bahía pequeña” y de ahí vendría vikin como “bahía adentro”, aunque todas éstas últimas no son teorías que hayan suscitado demasiada aceptación. Una tercera hipótesis es que víkingr derivaría de vicus, palabra que designaría un lugar de comercio o una especie de mercado, así, un vikingo, era el que iba de vicus en vicus o de comercio en comercio.  Una cuarta hipótesis es la que nos brindan los textos ingleses; en estos, de época de las primeras incursiones, como el poema del siglo IX Widsith o los escritos de Adam de Bremen del siglo XI,  ya se ha podido encontrar la palabra wicin, procedente del inglés antiguo, que habría sido utilizada para designar a toda la gente que llegaba a las costas inglesas por mar, en un sentido similar al del pirata. En textos ingleses posteriores, como el poema de la Batalla de Maldon ya se usó wicin para referirse a los incursores marítimos concretamente escandinavos, quedando así para la posteridad. Lo curioso es que esta palabra se habría perdido tras la Era Vikinga, reapareciendo en el siglo XIX, con el romanticismo, transformada en el vocablo inglés viking, del que deriva el español vikingo. No sólo habría aparecido una nueva palabra con el romanticismo inglés, sino toda una nueva concepción idealizada del vikingo que es la que nos ha llegado hasta el día de hoy en algunos aspectos y que la arqueología pone en cuestionamiento cada vez más.  La desmitificación del vikingo es un tema que trataremos próximamente.

Si de dónde viene la palaba vikingo no está muy claro, no es más uniforme el cómo ellos fueron llamados por sus contemporáneos. Generalmente en territorio anglosajón se les llamó  dane, “daneses”, sin diferenciar si eran realmente daneses, suecos o noruegos. Hay que tener en cuenta que a finales del siglo VIII o principios del IX ni los propios vikingos distinguían demasiado límites geográficos o nacionales a semejante escala, a inicios de la Era Vikinga nos encontramos ante un mosaico de pequeños reinos para cuya unificación aún habrá que esperar un tiempo. Lo más probable es que ellos a sí mismos se distinguiesen a base de gentilicios muy concretos o a partir de los nombres de clanes o familias.  Se les llamó varegos si actuaban por Rusia y el Este de Europa, varangoi les llamaron los eslavos o los bizantinos, tal vez derivado del noruego antiguo var que significaba voto o juramento. Siguiendo por esta zona, se fueron llamados  rus en las fuentes eslavas y rhos en las bizantinas, probablemente derivado del adjetivo griego “rojo”. También se les llamó nordmanni (de donde derivarían los normandos tiempo después) traducido como “hombres del norte” desde el Imperio Franco y Carolingio, y algunos cronistas alemanes les llamaron ascomanni o ashmen, para designar a los hombres del fresno en relación, se cree, al Yggdrasil, el árbol de la vida de la mitología nórdica. Los musulmanes les llamaron mayus, que se traducía por “magos” y que terminó por ser extrapolable a todos los paganos.

Si hemos dicho que no se les diferenciaba según su “nacionalidad”, un caso curioso sería el de los Irlandeses, que sí distinguieron a sus invasores en dos grupos; por una parte los fin-gaill, traducido por extranjeros rubios o claros, para designar a los daneses y los dubh-gaill, o extranjeros oscuros o morenos, para identificar los noruegos. No está muy claro a día de hoy que esta diferencia marcase etnias o procedencias, se cree más bien que, debido a las inestabilidades políticas internas habidas en Irlanda durante la época de las incursiones vikingas, los propios vikingos se habrían unido a unos bandos u otros de irlandeses o anglosajones y designaría más bien bandos contrincantes de vikingos.  Lo que sí se desprende de esta lectura detallada es que, hasta muy entrada la Era Vikinga, las connotaciones  de la palabra vikingo no eran negativas, eran comerciales, hacían referencia a su procedencia, o a sus creencias, incluso tenían cierto regusto pirata, pero en ningún caso eran sinónimo de bárbaros, salvajes o símiles[1].


 

 

[1] SAN JOSÉ BELTRÁN, Laia. Quiénes fueron realmente los vikingos. Un estudio sobre la historia y cultura del pueblo escandinavo entre los siglos VIII y XI. Quarentena Ediciones, Barcelona, 2015. (texto extraído de).

BIBLIOGRAFÍA

  • BOYER, Régis. La vida cotidiana de los vikingos (800-1050). José J. de Olañeta, ed, Palma de Mallorca, 2005.
  • COHAT, Yves. Los vikingos, reyes de los mares. Ed. Aguilar Universal, Madrid, 1989.
  • HALL, Richard. El mundo de los vikingos. Ed. Akal Grandes Temas, Madrid, 2008.
  • OXENSTIERNA, Eric Graf. Los vikingos. Ed. Caralt, Barcelona, 1977.
  • SAN JOSÉ BELTRÁN, Laia. Quiénes fueron realmente los vikingos. Un estudio sobre la historia y cultura del pueblo escandinavo entre los siglos VIII y XI. Quarentena Ediciones, Barcelona, 2015. (texto extraído de).

 

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