Ilustración de Marta Hernández realizada para Historia 2.0 © MARTA HERNÁNDEZ. Todos los derechos reservados /All rights reserved. PROHIBIDA su utilización.

 

NOTA: Este artículo fue publicado el 21 de febrero de 2017 como Cápsula Histórica en Historia 2.0, por mí, y lo que hago aquí es una reproducción exacta del mismo.

Todavía hoy muchas personas desconocen que los vikingos pasaron —varias veces, de hecho— por la península ibérica. Pero así fue: entre mediados del siglo IX y mediados del siglo XI las zonas que hoy son España y Portugal sufrieron varias oleadas de ataques perpetrados por los hombres del norte: ciudades como Gijón, Santiago de Compostela, A Coruña, Lugo, Pamplona, Sevilla, Cádiz u Orihuela, entre otras, conocieron a los vikingos. Y no siempre su cara más amable.

¿Y cómo lo sabemos? Gracias, mayormente, a la literatura medieval: Crónicas cristianas, escritos árabes y Sagas nórdicas. Lamentablemente, hasta la fecha la arqueología apenas ha acompañado las investigaciones. Quién sabe si futuras campañas de excavación nos ayudarán a poner en orden todo aquello que tenemos por escrito. Pero eso es otro tema, mucho más largo, que no cabe en esta cápsula.

Y si el paso de los vikingos por la península ibérica es poco conocido, lo que todavía conoce menos gente es que en León, en el pequeño Museo de la Colegiata, hay un objeto vikingo. La cajita de San Isidoro. O el «idolillo», como se la concoe.

Como las teorías sobre su origen, procedencia y cómo llegó hasta nuestras tierras son varias, en esta cápsula haremos un breve repaso.

¿Qué es?

La cajita de San Isidoro es, a día de hoy, el único objeto vikingo que tenemos en la península ibérica y se encuentra en el Museo de la Colegiata de San Isidoro, en León. Su importancia recae no solo en ser prácticamente el único ejemplar que tenemos en nuestro país, sino que se trata de una de las pocas piezas de época vikinga que se ha mantenido en uso a lo largo de los siglos hasta terminar en un museo. La mayoría de los objetos vikingos que hoy en día conocemos son fruto de hallazgos arqueológicos más o menos fortuitos. Por último, se trata de una muestra única en su género y en su estilo, sin apenas paralelos conocidos con los que compararla: existen muy pocas piezas realizadas en marfil, asta o hueco con decoración calada. Además, la superioridad técnica y artística de su ejecución respecto a otras piezas del periodo la convierten, según Eduardo Morales, en una «auténtica obra maestra del arte vikingo».

¿Cómo es?

El idolillo es una cajita cilíndrica de paredes caladas con un saliente con forma de pájaro en uno de sus extremos, está fabricada en asta de ciervo ricamente trabajada y mide 44 mm de altura y 33 mm de diámetro, ¡es muy pequeñita! Los extremos están cerrados con tapas de metal de un trabajo más simple que, se cree, fueron añadidas posteriormente: la más pequeña es circular, fija y con remaches y la más larga es ovalada, con una bisagra para abrir y cerrarla, aunque las marcas que presentan los bordes nos sugieren que en algún momento estuvo herméticamente cerrada por ambos lados.

Aparte de su calidad artística, lo que llama la atención de esta pieza es su decoración: motivos zoomorfos en un primer plano, y vegetales en un segundo. Hasta ocho animales aparecen entrelazados cubriendo la totalidad de la superficie de forma prácticamente simétrica. El ave rapaz (o mejor dicho, su cabeza) del saliente es el motivo central decorativo, al que se unen el resto. El ave como elemento decorativo central es un recurso muy común en el arte vikingo del siglo X y tiene raíces claramente danesas ya que sólo han aparecido moldes en centros de producción de dicha zona.

¿Quién y dónde la hizo?

Es una obra de autor desconocido; aunque sabemos que debió tratarse de un verdadero maestro. Tampoco sabemos si se fabricó en España o si vino del extranjero. Eduardo Morales considera que lo más probable es que se fabricase en algún taller de tradición escandinava en las Islas Británicas, sin descartar que fuese fabricada en la propia Escandinavia, en cuyo caso habría que pensar en Dinamarca, por lo que hemos comentado en el apartado anterior.

¿Cuándo se hizo?

La decoración típicamente escandinava de la cajita ha resultado clave para su datación y procedencia: un objetivo vikingo de finales del siglo X. Los motivos decorativos zoomorfos fueron un denominador común en el arte de los pueblos germánicos: en los del sur coexistieron con otros elementos y en los del norte —los escandinavos— supusieron el motivo principal durante más de cinco siglos. A lo largo del periodo vikingo se desarrolló en Escandinavia un arte propio que recibió grandes influencias del arte carolingio, anglosajón y, especialmente, del celta-irlandés; territorios con los que los vikingos mantuvieron estrechos contactos. A partir de finales del siglo VIII Escandinavia llegó al culmen de su arte, pero también al agotamiento de sus formas; sin embargo, con el inicio de la diáspora vikinga, hacia finales del siglo IX, se produjo una renovación del arte: apareció en escena un nuevo animal no identificado al que se ha llamado gribedyr (animal que agarra) ya que siempre aparece agarrado a todo lo que le rodea.

Arte vikingo

Estilo Borre (primera mitad del siglo IX — segunda mitad del siglo X)

  • Característica principal: animal con la cabeza hacia atrás y las ancas formadas por espirales. Nudos entrelazados sobre los cuerpos de los animales estirados.

Estilo Jelling (aparece durante el siglo X y convive con el estilo Borre)

  • Característica principal: figura de un animal muy estilizada en forma de banda o cinta en forma de S y con la que en ocasiones se entrelaza en forma simétrica otra similar.

Estilo Mammen (aparece durante la mitad del siglo X)

  • Característica principal: gran riqueza ornamental en la que se entremezclan animales y plantas. La figura principal es un animal con doble contorno y algunas zonas del cuerpo se marcan con puntos.

A partir del siglo XI se desarrollan los estilos Ringerike y Urnes, pero quedan fuera de nuestro interés en esta cápsula ya que son posteriores a la cajita.

En la cajita se puede apreciar la mezcla de estilos:

  • Borre: la cabeza y las alas de a figura central, el ave con la cabeza hacia atrás 180º y las espirales marcando las alas y las patas.
  • Jelling: la tendencia a la simetría y los complicados cuerpos entrelazados de la superficie decorada.
  • Mammen: algunas zonas del cuerpo están rellenas con puntos y algunos extremos o remates de las colas o patas de los animales terminan con forma vegetal.

Al no existir otras piezas parecidas a la cajita —ni en forma, ni en técnica de ejecución— es difícil de clasificar; pero en base a la decoración que acabamos de mencionar se puede establecer como una pieza que está a caballo entre el estilo Jelling y el estilo Mammen. ¿Por qué? La clave está en el cuerpo del animal que compone la figura central: este está formado en su mayoría por bandas serpentiformes y aún no tiene las proporciones de volumen que sí se encuentran en el estilo Mammen. Además, presenta zonas con decoración punteada, pero son mínimas, al contrario que pasa con otras piezas de estilo Mammen.

¿Cómo llegó a León?

Es, desde luego, la pregunta del millón y existen varias hipótesis, algunas con más aceptación que otras.

Hipótesis 1: la cajita formaba parte de un lote de obras de arte que el rey Fernando I (1037-1065) y la reina Doña Sancha (m. 1067) donaron en el año 1063 a lo que hoy es la Colegiata de León. Esta hipótesis presenta un inconveniente; y es que la pieza no se menciona en la lista objetos que fueron donados, pero esto puede deberse a que sólo se reseñasen las de mayor importancia o prestigio y probablemente muchas piezas consideradas menores no se señalaron.

Hipótesis 2: la cajita llegó a León tras haber sido tomada a algún vikingo de los que llegaron a saquear las costas del noroeste de la península ibérica durante los siglos X y XI.

Hipótesis 3: la cajita fue fabricada en la península ibérica por algún vikingo que se quedó en estas tierras como prisionero tras algún saqueo o incursión frustrada.

Hipótesis 4: la cajita llegó en algún momento posterior a la fecha de su fabricación como receptáculo de reliquias a la Colegiata. La primera referencia al edificio de la Colegiata es del año 996 y se menciona que fue construida para albergar las reliquias del niño mártir Pelayo. La edificación fue arrasada por Almanzor y posteriormente reedificada por el rey Alfonso V (999-1027). En el año 1063, Fernando trasladó los restos de San Isidoro y el edificio tomó el nombre de la Colegiata. Este sepulcro se convirtió en un importante punto de peregrinación a lo largo del Camino de Santiago y algún peregrino pudo llevar la cajita consigo.

Hipótesis 5: la cajita la llevó algún misionero. La Colegiata acumuló reliquias y cuerpos de santos durante buena parte de la Edad Media procedente de todos los rincones de la Cristiandad. El biógrafo Lucas de Tuy menciona los numerosos viajes a zonas de Francia, Irlanda y las Islas Británicas que llevó a cabo el canónigo de la Colegiata Santo Martino de la Santa Cruz (1120-1203); muchos de ellos territorios en los que estuvieron siglos antes los vikingos. Tal vez trajo consigo la cajita como portadora de alguna reliquia.

Hipótesis 6: la cajita fue parte de un intercambio de regalos entre los Reinos Cristianos y alguna casa real escandinava en algún momento posterior a su fabricación. Aunque nos parezcan raros estos contactos de lugares tan distintos, no deben extrañarnos. Por ejemplo, hacia mediados del siglo XIII los reinos de Noruega y Castilla firmaron una alianza a través del matrimonio de la hija del rey noruego Haakon IV de Noruega y, Kristina Håkonsdatter, con uno de los hermanos de Alfonso X el Sabio, infante de Castilla. Kristina residió en Sevilla y, al morir, fue enterrada en Covarrubias (Burgos).

La hipótesis que más fuerza tiene —y la que está respaldada por los propios conservadores del Museo de la Colegiata— es la número uno. Ahora bien, aún quedan dudas por resolver. ¿Por qué tenían Fernando I y Sancha, reyes de León, una cajita de procedencia vikinga? La suposición más plausible para responder a esta cuestión es que la cajita formó parte de un pago, un tributo, de los musulmanes a los reyes cristianos. En el año 1063 —momento de la donación— la península ibérica estaba inmersa en el periodo histórico que conocemos como La Reconquista y el mundo musulmán, al-Ándalus, se había dividido en los Primeros Reinos de Taifas (1031-1085) tras la caída del Califato de Córdoba. Para vivir en paz, las Taifas pagaban un tributo anual, las parias, a los monarcas cristianos, principalmente al Reino de León, creador de estos impuestos.

Aceptando esta parte como cierta, nos surge una última pregunta: ¿por qué tenían los musulmanes una cajita vikinga? Los vikingos atacaron en numerosas ocasiones por estas fechas el territorio de al-Ándalus, siendo derrotados la mayoría de las veces. Tal vez pagaron con la cajita a los musulmanes para salvar la vida, para poder volver a casa; tal vez quedó aquí olvidada, o tal vez la talló algún vikingo que se quedó en al-Ándalus…

Tendremos que esperar más investigaciones hasta conocer la verdadera historia de la cajita vikinga de San Isidoro…

Bibliografía

  • GRAHAM-CAMPBELL, James. Viking Art. Londres, Thames and Hudson Ltd, 2003.
  • GONZALEZ CAMPO, Mariano. Al-Ghazal y la embajada hispano-musulmana a los vikingos en el siglo IX. Miraguano, Madrid, 2002.
  • MORALES ROMERO, Eduardo. Historia de los vikingos en España: ataques e incursiones contra los Reinos Cristianos y musulmanes de la península ibérica en los siglos IX-XI. Ed. Miraguano, Madrid, 2009.
  • http://www.museosanisidorodeleon.com/tesoro

 

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