Para este segundo viernes de arqueología vikinga os traigo la tumba de un gran guerrero, cuyo ajuar visité en el Kulturhistorisk museum o Museo Cultrual Histórico de Oslo. Este museo, que os recomiendo muchísimo porque aunque es pequeñito es muy interesante, es una especie de agrupación de museos; por ejemplo, el Vikingskipshuset (el Museo de los barcos vikingos) pertenece a esta institución.

¿Por qué os digo que es la tumba de un gran guerrero o un gran líder? Pues por lo que contenía. Ya veréis :

  • Una especie de sonajero (instrumento musical)
  • Una hoz
  • Una escofina
  • Una azuela
  • Un cuchillo
  • Dos bridas de caballo
  • Dos estribos
  • Dos espuelas
  • Dos dados y tres piezas de algún juego de mesa
  • Un eslabón
  • Un caldero y el asa de un caldero
  • Dos crampones
  • Herraje
  • Un yelmo
  • Una cota de malla
  • Una espada
  • Dos lanzas
  • Un hacha
  • El umbo de un escudo (así que debió estar el escudo completo)

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¿Qué quiere decir todo esto? Si los hallazgos de espadas en tumbas vikingas ya son algo bastante excepcional (eran objetos de gran valor y estatus, muy caros –las sagas nos dicen que una espada costaba alrededor de dieciséis vacas, y eso era mucho– que no se desechaban así como así) imaginaos una cota de malla o un yelmo. Mirad si son raros que, a día de hoy son –casi– los únicos. Yelmos hay pocos, pero cotas de malla solo esa.  Así que queda claro que su dueño era un personaje rico e importante de la Noruega de aquel momento; tal vez alguno de los monarcas del reino noruego de Ringerike o algún miembro del séquito de éste (hird).

Pero vayamos al tema arqueológico. Todo empezó en 1943 con el descubrimiento, más o menos por accidente, de un yelmo (el que veis en la foto) en la granja de Gjermundbu, cerca de Haugsbygd (Ringerike, Noruega). Esto puso sobre aviso al equipo de investigación de la Universidad de Oslo que inició las excavaciones pertinentes y confirmó la existencia cercana de una cámara funeraria de época vikinga de valor histórico descomunal. Este descubrimiento se conoce como Gjermundbu-funnet (los hallazgos de Gjermundbu).

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El objeto más importante del ajuar es, sin duda, el yelmo: fabricado en hierro, de forma redondeada o ligeramente puntiaguda realizada a partir de placas individuales siguiendo el modelo de los yelmos Spangenhelm. Consta además de una especie de antifaz/anteojo que cubre los ojos y la nariz formando una máscara de protección. En su parte inferior tiene unos agujeros que, se cree, servían para unir al yelmo algún tipo de protector para el cuello, tal vez de cota de malla (como la que se encontró en el mismo yacimiento). Se halló desmontado en nueve pedazos pero fueron suficientes para su reconstrucción. Aunque no hay demasiado consenso, su datación oscila entre finales del siglo IX y mediados del siglo X.

Junto con el fragmento del yelmo de Tjele (Dinamaerca), dos fragmentos hallados en Lokrume, Gotland (Suecia), y uno en Kiev; es el único yelmo vikingo a día de hoy conocido posible de reconstruir.

No hay duda: su dueño fue un hombre importante. Ojalá algún día sepamos quién.

 

 

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