Lagertha Ragar
Una vez más, utilizo los personajes de la serie Vikings de History Channel para ilustrar el blog. Aquí tenéis a los rubísimos y vikinguísimos Ragnar Lodbrok y Lagertha.

Si remontásemos ahora en el tiempo y nos plantásemos en la Era Vikinga, entre los siglos VIII y XI y en Escandinavia, ¿qué veríamos? O, mejor dicho, ¿cómo veríamos a los vikingos y a las vikingas del momento? ¿Qué ropas llevarían? ¿De qué colores y materiales serían? ¿Iban todos vestidos iguales? ¿Con el mismo corte de pelo? ¿Eran físicamente todos parecidos? Parte de estas preguntas ya las contestamos en las dos primeras partes de este Ciclo sobre el Aspecto de los VikingosLos peinados en la Era Vikinga y la Higiene de los vikingos. Hoy le toca el turno a la apariencia física de los vikingos y en próximas partes hablaremos del vestuario, el maquillaje o los tatuajes.

Para contestar a estas preguntas que nos planteábamos debemos hacer un ejercicio de reflexión y pensar; si salimos a la calle hoy, día X, del mes X del 2017, ¿qué encontraremos? ¿Iremos vestidos todos iguales? ¿Usaremos las mismas ropas en todas las zonas del país? ¿Llevaremos los mismos peinados? ¿Seremos todos del mismo tamaño, altura, complexión y color de piel? ¿Somos todos iguales?

La respuesta hoy es no y la respuesta en la Era Vikinga también era no. Cierto es que hoy en día la diversidad es aplastante debido a fenómenos como la inmigración o la globalización, pero –y aunque a un nivel mucho menor– los contactos durante la Era Vikinga, existieron y se notaron. Famosas eran las armas de un sitio, el vino de otro, las telas de aquella región, las joyas de la otra… Y todos, no sólo los vikingos, querían participar de estos contactos e intercambios.

Como hemos mencionado en numerosas ocasiones a lo largo de los artículos de este blog, debemos despojarnos de esos estereotipos de vikingos todos iguales; altos, rubios, de ojos azules y tez blanquecina, fornidos y atléticos, vestidos en cuero, armados hasta las cejas, sucios y salvajes, para comenzar a dar paso a una idea mucho más real, pero mucho más complicada; llena de diversidad, de color y de posibilidades.

¿En qué nos basamos los historiadores para poder construir esta historia del aspecto físico de los vikingos? El vestuario, el físico o el peinado son temas que, lamentablemente, están muy lejos de estar ampliamente documentados como otros. Estos temas, que hoy llamaríamos microhistoria o historia cultural, no fueron el principal interés ni de aquellos que trataron directamente con los vikingos, ni de aquellas corrientes historiográficas que imperaron hasta hace relativamente poco tiempo. Por ello, disponemos de pocas pistas sobre el aspecto físico de los vikingos ya que, lamentablemente, no podemos apoyarnos como lo haríamos hoy en día en fotografías o, incluso, cuadros que nos muestren la ropa que llevaban, si eran altos o si se trenzaban o no el cabello. Tenemos que conformarnos con las pistas que nos brinda la arqueología –y los cada día más sorprendentes estudios antropológicos y arqueológicos que se pueden llevar a cabo– y con las pistas que nos dejan los relieves en las piedras que grabaron los vikingos, las figurillas antropomorfas halladas que parecen representar dioses o valquirias, las ilustraciones de algunos códices y manuscritos o las descripciones de las Sagas. Parece mucho dicho así, pero en realidad no lo es.

El aspecto físico de los vikingos

¿Eran, físicamente hablando, los vikingos iguales a nosotros hoy en día? Puede parecer una pregunta absurda, pero no lo es en absoluto ya que estamos hablando de una sociedad de hace más de mil años. La imagen que nos ha llegado de los vikingos es la de unos hombres altos, fuertes y musculados, rubios, de tez blanquísima y de ojos azules, pero, como hemos mencionado anteriormente, debemos tener en cuenta que la variedad, aunque menor a la existente a día de hoy, existió en la Era Vikinga y en Escandinavia. Los hubo morenos, los hubo bajitos, los hubo con ojos castaños y los hubo más morenos de piel. Y es que no debemos dejar de pensar que, debido a esas migraciones de las que hablábamos, no todos los vikingos tenían ascendencia escandinava y que se produjeron contactos y mezclas, por lo que, en apariencia, hubo cierta variedad.

Dicho lo cual, no vamos a quitarles todos los méritos y también diremos que es cierto que los vikingos algo de impresión sí debieron causar a su paso. Un gran ejemplo lo tenemos en las descripciones que de los vikingos nos hicieron los árabes contemporáneos a ellos. En el año 921, el “diplomático” Ibn Fadlan viajó por orden del Califa Al-Muqtadir desde Bagdad hasta la corte del rey de los Búlgaros del Volga en misión diplomática para intentar convertir al pueblo búlgaro a la religión islámica. Durante su viaje escribió el Kitāb ilà Malik al-Saqāliba, una crónica de su accidentado periplo, ya que la caravana en la que viajaba fue asaltada por los vikingos del este (los rus, lo que se conoció como varegos) y fueron llevados con ellos durante sus campañas. Esta crónica, como es obvio, resulta ser un documento de un valor indescriptible como fuente histórica a día de hoy para los historiadores que se dedican a la investigación de la Era Vikinga ya que recoge lo que el diplomático vio y vivió en su convivencia con los vikingos. Todo su contenido es de un interés mayúsculo, sin embargo, ahora nos vamos a quedar con una de las descripciones que Ibn Fadlan dejó en este escrito sobre el físico de los vikingos.

«[…] Nunca he visto ejemplares físicos más perfectos, altos como palmeras datileras, rubios y de complexión rubicunda […] cada hombre tiene un hacha, una espada y un cuchillo y no se separa de ellos en ningún momento […]»

Y claro, ya lo tenemos, todos los vikingos altos y enormes y perfectos. Vamos a desgranar un poquito más estas líneas; y es que en un mundo en el que los intercambios culturales a tan gran escala – recordemos que de Bagdad a Escandinavia hay un buen trecho – sí bien existieron, no eran lo habitual para todo el mundo, resulta comprensible que un árabe se quedase sorprendido al encontrarse con un vikingo ya que las diferencias físicas son incuestionables. Los nórdicos a día de hoy siguen siendo, de media, bastante más altos que los habitantes autóctonos de otros países como España o los países árabes entre otros, por no hablar de la diferencia de color de piel y otros muchos aspectos físicos. Por ende, un árabe que no había tenido contacto jamás con un vikingo, es hasta cierto punto lógico que tuviese una reacción como esa, pero no debe llevarnos a engaño.

Sabemos por estudios relacionados con la antropología forense que la anatomía de los hombres del norte habría sido muy similar a la de los nórdicos actuales, sin embargo, los nórdicos de la Era Vikinga eran entre 8 y 10 centímetros más bajos que los nórdicos del siglo XXI, ¿quiere decir esto algo relevante? No demasiado si tenemos en cuenta que es una regla que se puede aplicar a todas las sociedades; una mejor alimentación y una mejor calidad de vida ha hecho evolucionar a las poblaciones y uno de los resultados de esta evolución es una mayor estatura. Por ende, no sólo los vikingos, sino que en realidad todos somos unos 10 centímetros más altos que nuestros antepasados de aquella época, por lo que la escala se mantiene. Esto quiere decir que, probablemente, los vikingos hubiesen sido algo más grandes que la gran mayoría de los europeos de la época. Según estudios forenses a partir de los restos hallados hasta el día de hoy se ha establecido que, como media, los vikingos medían alrededor de 1,70 metros y las vikingas 1,58 metros. Y ahora es cuando muchos diréis que no eran tan altos y es cuando yo os recordaré que, de media, por entonces la población medía alrededor de 10 centímetros menos que ahora, así que estaríamos hablando de –a escala– 1,80 metros para ellos y 1,68 metros para ellas. Eran altos para la época, sin duda.

Los vikingos habrían sido hombres y mujeres más musculados que hoy en día debido al duro trabajo físico que las condiciones de vida del norte exigían, recordemos que principalmente eran campesinos y granjeros, que algunos se dedicaban a la guerra y que la vida de los que navegaban tampoco daba tregua. Además, según el Departamento de Medicina Forense de la Universidad de Copenhague estas actividades físicas y estas condiciones de vida habrían dejado huella en sus físicos tanto a nivel interno como a nivel externo; habrían padecido enfermedades como la osteoartritis, habrían tenido problemas dentales y las cicatrices y marcas del trabajo y la actividad no habrían sido pocas y habrían sido visibles. A comienzos de la Era Vikinga la sociedad era sustancialmente homogénea y todos los vikingos se dedicaban prácticamente a lo mismo, por lo que el físico de todos habría sido prácticamente idéntico; todos los vikingos hacían de todo y eran eminentemente granjeros polifacéticos, que lo mismo guerreaban, pescaban, que comerciaban o se dedicaban a la granja. A finales de la Era Vikinga la sociedad se había complejizado, diversificado y jerarquizado, lo que conllevó a la existencia de clases sociales diferenciadas y a la especialización en oficios; los guerreros ahora eran sólo guerreros casi profesionales, los comerciantes sólo se dedicaban al comercio y muchos vikingos sólo eran granjeros, por lo que los investigadores sostienen que es probable que entonces sí existiesen diferencias físicas acusadas, sobre todo entre los que se dedicaban a la guerra y se entrenaban diariamente para ello y el resto.

Vikingo 001
Reconstrucción del aspecto de un vikingo llevada a cabo por arqueólogos y científicos forenses gracias a análisis osteológicos realizados en unos huesos hallados en una tumba de Sigtuna. Museo Vikingaliv (Estoclomo)

Estudios realizados en esqueletos fechados en la Era Vikinga hallados en Escandinavia sugieren que el color de pelo y la pigmentación de la piel de los vikingos era similar a la de los nórdicos a día de hoy; cabellos claros y pieles claras, lo que sugiere también ojos claros. Sin embargo y pese a que esto fuese la tónica, habría existido diversidad. Lo curioso en cuanto al cabello es que, aunque habría habido variedad de colores y habrían existido los castaños y los morenos, habría seguido la siguiente tónica: en el Norte de Escandinavia (zonas de Estocolmo, Suecia, Noruega) habría existido una predominancia del cabello rubio, mientras que en el Oeste de Escandinavia (zonas sobre todo de Dinamarca) habrían predominado los pelirrojos.

Lo que a nosotros nos parecerá más curioso de todo es que la regla habría sido “hombres más femeninos y mujeres más robustas”. Parece ser que las mujeres de la Escandinavia de la Era Vikinga habrían tenido la parte de las cejas y la mandíbula algo más robusta que la de las mujeres en la actualidad y los hombres habrían tenido unos rasgos algo más afeminados que los de hoy en día. ¿Por qué las mujeres robustas? A excepción de las de clases más altas, todas las mujeres vikingas participaban activamente en las duras tareas de la granja y eso,  sin duda, debía notarse en el físico. Además, las mujeres vikingas –como las mujeres de casi cualquier sociedad medieval– vivían numerosos partos a lo largo de su vida en las condicione que nos podemos imaginar. Todo ello debía dejar huella, y mucha, en el físico de una mujer.

Algo que en nuestro experimento de salir a la calle en el siglo VIII – XI no veríamos son vikingos ancianos. Ancianos para lo que nosotros entendemos a día de hoy  y es que la esperanza de vida –cuando se conseguía superar la infancia, que no era lo más fácil ni corriente– era sustancialmente baja; la mayoría de las tumbas excavadas hasta la fecha nos dan edades comprendidas entre los 30 y los 50 años. Hemos de pensar que existieron, como hoy, dolencias graves que, a diferencia de hoy, no tenían cura conocida y que provocaban altas tasas de mortalidad, no sólo infantil. Además, debemos tener en cuenta el factor guerra; la escandinava debió ser una sociedad con momentos en los que se debieron producir grandes vacíos generacionales en cuanto a hombres; los hombres partían muy jóvenes hacia la guerra –o hacia el comercio que, en muchos casos, entrañaba los mismos riesgos que las guerras– y muchos no volvían o sobrevivían tan sólo unas pocas campañas. Por no hablar de los riesgos que corrían las mujeres en los partos al dar a luz.

Como podéis comprobar,  entre los escandinavos de la Era Vikinga hubo variedad y diversidad, si bien es cierto que debieron parecerse mucho a los escandinavos de hoy en día y que, aunque no fue una regla obligatoria el ser rubio y alto para ser vikingo, sí fue común.

Bibliografía

  • BOYER, Régis. La vida cotidiana de los vikingos (800-1050). José J. de Olañeta, ed, Palma de Mallorca, 2005.
  • COHAT, Yves. Los vikingos, reyes de los mares. Ed. Aguilar Universal, Madrid, 1989.
  • FRYE, Richard Nelson. Ibn Fadlan’s journey to Russia: a tenth-century traveler from Baghad to the Volga River.  Markus Wiener Publishers, University of California, 2005.
  • HALL, Richard. El mundo de los vikingos. Ed. Akal Grandes Temas, Madrid, 2008.
  • JONES, Gwyn. A History of the Vikings. Oxford: Oxford University Press, Londres, 1968.
  • STURLUSON, Snorri. Textos Mitológicos de las Eddas. Trad. Enrique Bernárdez. Miraguano Ediciones, Madrid, 2002.
  • OXENSTIERNA, Eric Graf. Los vikingos. Ed. Caralt, Barcelona, 1977.
  • VELASCO, Manuel. Breve historia de los vikingos. Ed. Nowtilus, Madrid, 2012.
  • http://scanviking.com
  • http://sciencenordic.com
  • http://www.hurstwic.org

Anuncios